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martes, 22 de diciembre de 2015

BALANCE por Sara Núñez de Arenas

2015 termina, o eso parece.
Así que haremos lo propio:

balance


1. m. Movimiento que hace un cuerpo, inclinándose ya a un lado, ya a otro.

BAILAR 
"Bundini, ¿vamos a bailar? ¡Si, vamos a bailar toda la noche"



       




2. m. Estudio comparativo de las circunstancias de una situación, o de los factores que intervienen en un proceso, para tratar de prever su evolución.


COMPARAR 
"¿A ustedes les gusta la Naturaleza? Ya, no se han detenido a mirarla"

         




3. m. Com. Confrontación del activo y el pasivo para averiguar el estado de los negocios o del caudal.

CONFRONTAR
"No se figuran ustedes lo oportuna que es esta lluvia"

         




4. m. Com. Estado demostrativo del resultado de dicha operación.

DEMOSTRAR 
"Quiero dedicar esto a mi abuelo, que me enseñó a bailar. -¿Donde está tu abuelo ahora?- En el maletero del coche"


        




5. m. Esgr. Movimiento que se hace inclinando el cuerpo hacia adelante o hacia atrás, sin mover los pies.

MECER 
"Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio"  

        



6. m. Mar. Movimiento que hace la nave de babor a estribor, o al contrario.

MOVER 
"Caballeros ha sido un honor tocar con ustedes esta noche"


       



7. m. desus. Vacilación, inseguridad.

DUDAR 
"Y decir así que con un sueño, damos fin a las llagas del corazón y a todos los males"


        


2016, estamos deseando conocerte.



Sara Núñez de Arenas

lunes, 16 de febrero de 2015

EL GUIONISTA CONTABLE: QUERIDOS INTÉRPRETES

Se acercan los Oscar, recientemente se entregaron los Goya... Son tiempos de reconocimiento para el mundo audiovisual, y en especial el cine.
Desembarca en mi memoria mi primera experiencia en la interpretación. Fue cuando tenía ocho años recién cumplidos y tuve la suerte de tener el papel protagonista en la obra teatral. "El príncipe y el mendigo". Yo era el mendigo que se convertía en príncipe y mi amigo Tolo Vives compartía el protagonismo siendo el príncipe que se convertía en mendigo.





Me ha hecho recordar lo bonito que es interpretar, la magia que representa y la responsabilidad que conlleva. Sobre todo eso, responsabilidad. La de hacer llegar a un público una historia. Y ahora, que el mundo del guion me ha acogido es cuando más cuenta me doy.
Crear la mejor historia del mundo no sirve de nada si no está bien interpretada. Incluso podrá estar regularmente dirigida, pero necesita ser actuada y comunicada de manera excepcional. 

Un actor reflejará una historia que durante mucho tiempo ha sido amada y odiada por su propio escritor. Conseguirá dar vida a unos personajes que habrán sido huéspedes y polizones dentro de la casa del guionista. Hará el sueño realidad de su creador. Y hará que el espectador detenga su realidad para sentir que está en un sueño. "La magia del cine" ¿Verdad?




Quizás por eso, los grandes actores cobran lo que cobran. Porque trasmitir sentimientos en espacios cortos de tiempo no está a la altura de cualquiera.  Obligará a que el espectador mire durante dos horas y lo admire durante toda una vida. Que en noventa minutos, cien, los que sean, ese espectador pueda enrabietarse, reír, llorar y que se vea con la necesidad de aplaudir tal esfuerzo. Algo inaudito en otra profesión. Bueno, menos en la música y en el fútbol, que también ocurre. Pero ambas son maneras de interpretar algo y sus mejores autores también están bien remunerados.

Son profesiones que mantienen un pacto con la eternidad porque consiguen, con su esfuerzo y trabajo, llegar y quedarse. Y aunque pase el tiempo, siempre tendrán un hueco dentro de aquellos a los que hayan dejado huella.

Al revés que un contable, por ejemplo. Se me hace difícil imaginar que visar una factura quede grabada en la retina de un  proveedor o cliente. "Pásame por mail la factura del 2004, que quiero volver a verla, por favor". La verdad, no. O de un político. Además este caso sería el claro ejemplo que hay muchas maneras de acordarse de algo o alguien. En fin, dejemos la política a un lado...

En cambio, sí quiero volver a ver el gol de Sergio Ramos en Lisboa.
Sí quiero volver a leer cualquier libro de Agatha Christie.
Sí quiero escuchar una y otra vez una guitarra en directo.
Y sí, quiero volver a disfrutar tanto de la interpretación de James Gandolfini en Los Soprano, que en paz descanse, como la de Ignacio López en cualquier espectáculo de Impromadrid.


Alguien dijo que soñar es gratis. Yo digo que hacer soñar también es gratis. Y así lo dicen los números, ya sabéis que mi yo contable siempre me traiciona... Hay más de mil equipos que dan cobijo a deportistas que no cobran, otro millar de locales que ceden su espacio a grupos que no cobran y por supuesto otros tantos actores que actúan sin ser remunerados. Y no imagino a contables que quieran ir a la oficina sin cobrar, ni a políticos que...

Cómo iba diciendo, gente que sueña y hace soñar. Gente a la que hoy doy las gracias por sus interpretaciones y su manera de comunicarlas en todas sus vertientes.

Os doy mi cifra y mi letra. ¡De 10!

Gracias interpretación. Tenéis mi palabra. Palabra de guionista.

Álex Viikiingo



sábado, 15 de noviembre de 2014

LAS CRÓNICAS de MJ: “BOYHOOD” Una película de Richard Linklater



Lo que nos sobra entre compromiso y asunto, programados ambos al milímetro: de improviso, faltan tres horas para la sesión de las cuatro en los Renoir. Afortunadamente debemos comer y este suave otoño en Madrid nos da su beneplácito para un posterior paseo entre los puestos de artesanía, brotados como hongos tras la lluvia, en Plaza de España.

 

La artesanía ya no es lo que era, o quizá lo que se reúne en esta plaza con ese nombre diste mucho de serlo. Me harta mirar las cosas que tienen precio, prefiero alzar la vista hasta la bola del mundo sostenida por los cuatro continentes, navegar unos instantes con las nubecillas que coronan el cielo. ¡Qué maravillosa perspectiva! O darle la espalda a Cervantes, a Rocinante y a la mula (nunca al Quijote, jamás a Sancho), para estampar mi asombro contra el Edificio España (Dicen que lo ha comprado un japonés; ¡por Dios, que no lo convierta en centro comercial!) Tal vez cerrar los ojos y escuchar: el canto de las fuentes horadando los escudos de las naciones que hablan nuestra lengua, el vaivén de las copas de los árboles centenarios, la estridencia de los pájaros... Sentarme en un banco y mirar, ¡el mejor de los deportes! Resistirme, parapetada en esta soledad elegida, a emular a muchos viandantes aprovechando cada segundo, negarme a hacer fotos o consultar mis contactos móviles. Ahora que todo es móvil, lo necesario es parar, la quietud, dejarse atrapar por el momento... Contemplar... (Puntos suspensivos...) Cuando la vida parece suspendida en el vacío y no sabemos nada, y todo se comprende, y guardamos silencio para no mentir, para no disfrazarnos con palabras.

Películas a 2 y 3 euros en los Cines Renoir de Plaza de España

En contraste, tengo que admitir que una hora después, el aire era frío y molesto, y un rictus de impaciencia se dibujaba en mi rostro orientado hacia el cristal de las puertas cerradas del cine, como hipnotizada, como si fuera capaz de abrirlas con tan solo la energía de mis ojos. Faltaba media hora tan solo, estaba la primera en la cola y varias personas me habían preguntado que cuándo abrían... -¡Y yo qué sé!- A menudo me empeño en no aceptar aquello que no está en mi mano cambiar. El estado de ánimo es una montaña rusa, al menos el mío... (Más puntos suspensivos... esta vez de suspense, más bien...) Por fin pude acceder a la sala, calentita y cómoda; sentarme, reconciliarme con la civilización, que nos reconforta y nos bien-enquista. ¡Qué mezquinos e insignificantes somos!

Desde la pequeña pantalla, un niño descansa tumbado en la hierba... Un adulto le saca de sus ensoñaciones... En otro momento le vemos observando de cerca un pájaro muerto, con naturalidad, sin dramatismos. Contempla... Desde los primeros minutos del largometraje (nunca mejor dicho, 165 minutos) el director nos conduce, presos en la mirada de Mason, su personaje protagonista, a lo largo del transcurso de una década en la vida de una familia de clase media americana.



La novedad artística es que el director ha preferido esperar para completar el rodaje, esperar a que los actores crecieran realmente, a que cumpliesen años; esto es lo experimental en la película. ¿Qué aporta? Pues algo muy curioso: veracidad y asombro. Es como cuando nos encontramos con a un jovencito que no veíamos desde que era niño, y está tan cambiado, y hasta la voz le resuena de otro modo en el pecho; pero conserva, sin embargo, un no sé qué inconfundible que nos traslada a su infancia, donde le conocimos...  Su transformación nos produce nostalgia, nos pilla a traición; no estamos entrenados en el advenimiento. Se asemeja este aspecto de la película, a  la grabación del proceso acelerado del crecimiento de una planta, desde el pequeño brote adherido a la tierra que se alza en busca del sol, hasta la flor que se abre dispuesta ya a transformarse en fruto.


En el relato de Linklater, hay fotogramas con sol y otros con lluvia; la risa y el llanto se suceden, como la noche al día; se turnan encuentros y despedidas... El argumento es anecdótico. Sin embargo, los momentos relevantes para Mason, se tornan cruciales también para nosotros, nos identificamos en lo esencial de cada circunstancia, de cada estado, de cada edad, nos reconocemos cómplices de cada una de sus emociones. Y al vislumbrar las experiencias de ficción presenciadas, desde la cima, junto a ese joven que hemos visto trepar hasta ella, ya universitario, casi independiente por fin; pensamos, junto a él, que la vida no es tan dramática, ni tan compleja, ni tan dura; somos nosotros los artífices de nuestra problemática; los prismas incandescentes, los espíritus errantes ávidos de respuestas. Ella, la vida, se basta y se sobra a sí misma. Solo si nos relajamos, si nos concentrarnos un ápice en lo que acontece, es que formamos parte del mundo. No estamos hechos de barro, sino de tiempo.

María José Cortés Robles