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miércoles, 23 de diciembre de 2015

VACÍO por Asier Vázquez



Es como si una actriz pequeña se revelase e interpretara su obra en un
recinto horadado en una inmensa mole de tiempo que, por descontado,
excede nuestro sentido de la comprensión y los límites que demarcan
nuestros miembros y nuestro paupérrimo conocimiento de lo recóndito.
Dentro de esa mole cabe, por supuesto, el escenario y las sillas que
hay colocadas ante él, el edificio que acoge el teatro, la calle en la
que en algún momento, siendo aún terreno baldío, alguien decidió que
construiría casas sobre la tierra polvorienta, el barrio y, en última
instancia, el mundo y sus delicados goznes de espuma cuántica.

Se habla, como casi siempre, de lo que se dice y de lo que no, de
quién lo dice y por qué, y de quién dictamina las reglas, los
mandatos, la lógica. Y todo sucede entre iguales, que tangencialmente
modifican su postura o su lugar en la vanguardia errática de la
historia que todo lo arrasa y todo lo alumbra,aunque no siempre
podamos verlo.

Están, compartiendo un espacio único e inasible, por ejemplo,
Demóstenes y el autor de la obra, y la mencionada actriz, que pretende
creer que no dispone de un pasado, y los espectadores, todos tentando
como el griego la suerte o la gloria y la posteridad ante mares reales
o imaginarios que devoran nuestras palabras y nuestros sueños con la
subida de cada marea.







Pero como todo se resume y se explica y se replica en todo, es el
público igualmente mar ante el que otros gritan su fortuna o su
desdicha, fugazmente autor al recrear lo pronunciado sobre el
escenario tras los ojos, aliado de Demóstenes en su lucha quijotesca
contra la intemperie, partícipe de la danza dialéctica que la pequeña
actriz ejecuta.

Hoy es fácil decirlo. Pero no fue siempre así. Tampoco es un
sentimiento constante. Quiero decir que ahora sabemos, o al menos lo
intentamos, que el vacío no es más que esas cuerdas que unen a los
grandes animales a un palito endeble en los zoos del mundo entero. Es
evidente que bastaría un leve gesto de sus corpachones para ser
libres. Solo el desconocimiento de tal certeza los mantiene atados a
esa exigua prisión. Con nosotros pasa algo parecido. Pero la certeza
de que sabemos de la fragilidad del palo al que permanecemos atados lo
vuelve todo mucho más trágico.

Por eso su verdad, la de la actriz, y la nuestra, está sin duda en las
pausas, en los momentos en los que quedan patentes las cosas y sus
contrarios: los pájaros y el aleteo sin alas, la sucesión de frases y
el carraspeo de todas las historias que desean ser contadas, el
principio y todos sus reversos, el miedo al vacío y la belleza
inconmensurable de poder llenarlo de nosotros.

                                                                              Asier Vázquez





miércoles, 18 de noviembre de 2015

NADIE por Asier Vázquez

SEÑORA X.- "¡Amelia! Qué haces aquí sentada, sola el día de Nochebuena"


Yo no sé si quien calla otorga siempre; o si su silencio es un ámbito
privado y profundo que le exime del dolor o la desesperanza; o si su
boca vacía de sonidos constituye un umbral de defensa insólito e
infalible que en ocasiones lo desgaja del mundo; o si, por el
contrario,  igual que sucede en el territorio de las palabras, se
enmarañan y se confunden los sentimientos ocultos bajo la piel propia
con los que exhalan casi sin percatarse los otros a su paso.

Tampoco sé si quien habla casi sin oposición con una aparente e
impecable entereza, socialmente promovida y aceptada, ufana desde su
pedestal de hielo, se cree todas las palabras manchadas de tiempo que
se sorprende esgrimiendo con violencia de veneno; o cuánto más podrá
soportar el asedio de las acechanzas y la traición; o si, por el
contrario, quisiera en realidad callar aunque no pueda porque aún no
sabe a ciencia cierta si debiera decir lo que dice o ir más allá.

También es cierto que el silencio de quien calla está veteado de
llanto y de canto, de risa, de una forma más densa y más ininteligible
de silencio. Y que quien no cesa de hablar soporta sobre si una
pesada carga de delirio y furia, los restos de la burla arrojada como
lluvia fina de polvo y su reverso la flaqueza que retorna, objetos que
fueron inocuos o lo parecieron en otro tiempo que ya no es este en los
que se reflejan como filos que hieren recuerdos y semejanzas.

Entonces, ¿quién es la más fuerte? Nadie, quizá. Porque ya se sabe que
la mano que asesta el golpe mortal se mancha invariablemente con la
sangre del asesinado y, al mismo tiempo, algo queda sedimentado en el
lecho de las venas del asesino de la muerte que acaba de impartir. Y
como sucede a veces, es aún demasiado temprano o incluso ya tarde para
que no se sepa aún quién fue quién en un momento encapsulado de la
historia. Es cierto. En ocasiones no basta con estar delante para
poder saberlo. Pero yo que ustedes bajaría las escaleras y aguzaría el
oído que el tigre ya empieza a entonar la melodía con su voz indomable
que muy pronto será silencio. Y, ¿lo escuchan? Alguien empieza a
pronunciar un nombre de mujer PAULATINAMENTE como si abriera una
compuerta interior...


ASIER VÁZQUEZ

martes, 14 de julio de 2015

EL SUEÑO DE RESINES por Asier Vázquez

María José Cortés y Almdena Puyo

Creía Shakespeare, pienso que acertadamente, que estamos hechos de la
materia de los sueños. Si bien debemos deducir que cuando William
hablaba de sueño no solo se refería a lo que acontece ante nuestros
ojos cerrados cuando dormimos, o más bien a lo que se materializa
entre nuestras pupilas y el delicado telón de piel de nuestros
párpados. Tampoco creo que se refiriese a los momentos en los que no
contentos con lo que tenemos ante nosotros soñamos despiertos. Más
allá de todo eso, diría que quería que nos percatásemos de todo lo que
los seres humanos somos capaces de hacer, de toda nuestra
potencialidad poética, de todo lo que empuñando nuestra intención y
haciendo acopio de toda nuestra voluntad, nuestro tesón y nuestro
imaginario común podemos concebir y construir.

Escena de TANATORIO (ESDR) Pilar Baeza, María Pordoy, Rubén Martin, 
Pilar Serrano, Almudena Puyo, María José Cortés, Macarena Regueiro e Inma Garzía.



Yo, mucho menos profundo que el inglés, siempre me sorprendo
cuestionándome sobre los límites entre esto y aquello y los
consecuentes puntos de confluencia, con la esperanza de que siquiera
por oposición pueda obtener alguna conclusión válida y aplicable en el
día a día.  Me refiero a cosas como la realidad y el deseo, la utopía
y la distopía, la luz y la sombra. Sin embargo, antes o después mis
pensamientos casi siempre desembocan en ese territorio aún no
nombrado, que crece a cada instante dentro y fuera de nosotros
mediando entre el sueño y la vigilia, esa tierra de nadie en la que
todo y nada parece ser imposible y hasta se diría que inevitable.


Pilar Baeza y Rubén Martín Vegue




Los actores, admirables criaturas que exponen sus cuerpos y sus almas
en su eterna búsqueda inefable, parecen moverse siempre en esa franja,
o al menos en algo muy semejante, aunque aparentemente pisen un
austero escenario. Sentado frente a ellos, a tan poca distancia, lo he
visto claro, y todas esas divagaciones que expongo aquí se han
reflejado en sus palabras, sus silencios y sus gestos como en un
espejo que sin querer saberlo 

andaba buscando yo desde el otro lado de la ciudad. 
Y no he sabido discernir quién observaba o inquiría a
quién, quién improvisaba y quién no, o quién formaba parte de un plan
y quién de una deriva. También he recordado que igual que en la vida,
en sus improvisaciones no hay cabida para el ensayo, para el remiendo
de los actos fallidos o incompletos, para el regreso al comienzo de
las cosas, a  Ítaca o a la infancia. Como en El Sueño de Resines, una
vez entregadas las cartas no queda sino iniciar la partida, avanzar
hacia delante con lo puesto y confiar en la justicia del camino.



Almudena Puyo y Ángel Velasco

Al mismo tiempo que yo lo hacía les he visto dudar, perderse y retomar
porque se buscaban los unos a los otros en ese pequeño vacío que es el
escenario, sosteniendo enormes verdades y nimias falsedades terribles,
ataviados con una inmensa vulnerabilidad, esgrimiendo sus cuerpos
frente a si mismos, palpando con las manos y los ojos algunas de las
grandes cuestiones filosóficas de la humanidad: 


¿por qué querrán vivir aquí las golondrinas?, 
¿despertaremos de pronto alguna vez por la mañana en mitad de una vida?
¿será todo esto la antesala de una fantasía aún mayor?

                                                                                                           Asier Vázquez
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EL SUEÑO DE RESINES es un proyecto de investigación y creación de LA CONOCIDA  en colaboración con CASA DE FIERAS y LA CASA DEL PRÍNCIPE.Con: Sara Núñez de Arenas, Rubén Martín, Soraya García Gómez, Alejandro Moranta Cifre, Marco Siebel, Marta Ansino, Mario Alonso, Inma Garzía, Aintzane Garreta, Pilar Serrano, Ángel Velasco, Estefanía Rocamora, Luciano Ciaglia, Sebastián Carmona, Mikel Aróstegui, Pilar Baeza, Almudena Puyo, Alba Pérez, Álvaro Puch, María Pordoy, Macarena Regueiro, Jaione Azkona, María José Cortés y Mario García. 





   

viernes, 22 de mayo de 2015

¡AY, MANUELA! por Sara Núñez de Arenas

Ayer por la noche mi amigo Asier Vázquez, me mandó un audiowhatsapp haciendo referencia al número de veces que uno tendría que realizar ciertas prácticas orales si quisiera tener una empresa cultural sostenible.
Yo le dije que no sabía, que después de este año no tenía muy claro que es lo que tenía que hacer y que a lo que me estaba dedicando últimamente era a lo que otro gran amigo (Johnny Aranguren) me dice cada vez que me ve:

"Sara, no te bajes"
Y aquí estoy yo, sin bajarme.

Aquí estamos muchos que no nos bajamos y que cada día nos peleamos, con nosotros mismos, con Hacienda, con los Ministerios, con los actores, las actrices, los directores, las directrices y en algunas ocasión es posible que si nos pilla en un día tonto, hasta golpeemos a algún espectador que haga un comentario desafortunado o que simplemente pase por ahí.

Es verdad, que los de la cultura nos estamos siempre quejando: Que si el 21%, que si el No a la Guerra, que si el Nunca Mais, que si la Educación, que si Nomecambieselnombredelteatroporqueeseseñorerarojo, que si la SGAE, que si los cánones, que si el PP, el PSOE, que si uno y que si otro. Estamos crispados, estamos cansados, necesitamos hacer justicia permanentemente.
Somos un poco pesados, es verdad. Pero es que si estás en el Teatro, de repente se te pegan ciertas cosas, de pronto te ves diciendo palabras que no parecen tuyas y como poseídos por un sentido universal de la justicia nos convertimos en "Minihamlets".




Asier y yo, no llegamos a ninguna conclusión. Pero él me dijo "Sara, preséntate a ministra de cultura, que yo te voto".
Joder.
Pues sí que está mal el patio.
Yo me puse a pensar, que por qué no, por qué no entrar en política, por qué no intentar cambiar las cosas. Y luego me di cuenta que es lo que llevo intentando hacer un año desde LA CONOCIDA, y que lo más difícil como decía Martin Scorsesse a su hija, es no perder la chispa, la ilusión.

Lo que pasa amigo Asier, es que hoy me he levantado y he tenido una idea. Una idea que creo que podría cambiar el curso de la Historia. La idea se llama:

"Acompañe a un político al Teatro"

Y tiene su origen en un acontecimiento que yo misma viví en mis carnes. Una historia que no es que esté basada en hechos reales no, es que es verdad verdadera, verdad como la vida misma, completamente real:

Yo una vez vi Macbeth en los Teatros del Canal y a mi lado estaba un espectador.
Un señor, de nombre: Rodrigo Rato.

Yo creo que esa función a el le caló porque la máxima es que si el rey viene a dormir a casa, será que el destino quiere que lo mate.
Que oye mira si los demás no se dan cuenta, pues... adelante. Black is Black.
¿No tiene mandanga?
Macbeth.
¿Really?



Me gusta pensar que aquel día le sirvió para que la fuera cagando progresivamente, que al llegar a su despacho se le aparecieron las tres brujas, que se acojonó pensando que como al mejor de todos los hombres Macbeth, le podían pillar.
Me encanta pensar que aquel día, ese hombre en esa butaca pensó.

Así que he decidido que si ellos mismos no van, porque se la refanfinfla, tenemos un deber como sociedad.
Hay que llevar a nuestros políticos al teatro, oiga usted.
Hay que llevar el teatro a los políticos allá donde se encuentren: mítines,  congresos, senados, cárceles.
¡Adelante compañeros!

No me digan que no les parece maravilloso amigos, que no disfrutarían Esperando a Godot junto a Mariano Rajoy, viendo El Oso con Montoro, El Jardín de los Cerezos con Ada Colau, Bodas de Sangre con Pablo Iglesias, La señorita Julia con Esperanza Aguirre, Aznar y señora recordando tiempos pasados con Romeo y Julieta ... ¡Las posibilidades son infinitas!




Seguramente cuando ustedes empezaron a leer este artículo, lo hicieron porque pensaban que hablaría de Manuela Carmena. La cual, no les voy a engañar me cae estupendamente.
Pero no, no he venido a hacer esto.
Ni a recomendarles que si se dedican al teatro, voten ustedes a la izquierda.
Pues miren, no tengo ni idea.

Pero creo en lo que ya sucede, creo en la ilusión, creo que ha llegado el momento de dejar de devorarnos unos a otros. Ya estoy cansada de que me intenten comer, estoy cansada de que me digan que no se puede hacer nada, que la vida es así, que España es un desierto y el teatro es una mierda.
Pues mire usted, no me da la gana.





Nos merecemos ilusionarnos e ilusionar a los que nos rodean y hacer el mejor teatro del que seamos capaces.
Sea cual sea vuestra opción ejercédla el día 24 de mayo y ya sabéis:

"Conocidos, no os bajéis"

Sara Núñez de Arenas García

sábado, 11 de octubre de 2014

TODA LA MEMORIA por Asier Vázquez


Del mismo modo en que la muerte se le parece a la vida y la justifica,
la explica y le da sentido, las palabras que se entrelazan y flotan
solitarias en el silencio sobre el escenario compiten contra el
cruento estruendo circundante y lo describen. Así, también, el
individuo despojado de todo artificio y oropel encarna la tragedia de
los pueblos, y el humor, como una cáscara brillante y efímera, oculta
el corazón negro de la historia y sus galones.

Bastan dos sobrios personajes, brotados del cuero de las llanuras de
España, y sus tristes circunstancias, para intuír la magnitud de todo
lo que apenas se cuenta, porque no es necesario, y de todo lo que
finalmente va a desatarse. Y es difícil saber quién guía a quién,
quién le abre los ojos a quién, quién condena a quién y a qué, quién
es más consciente y poseedor de la vida y sus aristas, quién está más
despierto o perdido... Aunque en realidad poco importe.

Todo para que, al final, nos veamos confrontados a la memoria que
inevitablemente ha de volver, aunque no siempre se quiera. La memoria
cristalina de los nombres, la memoria del silencio en las sienes, la
memoria del sable en la ventana, la memoria de los caminos que fueron
sangre, la memoria del exilio de las manos, y toda la demás memoria.



martes, 10 de junio de 2014

LA CAUSA PERDIDA por Asier Vázquez



TERAPIA de Martín Giner todos los domingos a las 20.00 en Off de La Latina


Quien no esté loco que tire la primera piedra, o al menos que enseñe el pertinente documento acreditativo expedido por las autoridades competentes. Si no es así, ya lo dijo alguien en cierta ocasión, quizá consciente de que mentía y que por tanto se quitaba la razón a si mismo: la única diferencia entre un loco y yo es que yo no lo soy.



Lo cierto es que nada hay tan enloquecido como los sucesos que nos circundan en el día a día, nada más enloquecedor que la mirada del otro clavándose en nuestros ojos y nuestros actos, nada tan perturbador como observar como con los ojos de alguien extraño nuestros propios  ojos y su memoria delirante, nada tan amenazante como la certeza de poder desconectarse sin motivo aparente por un breve o largo tiempo de lo que comúnmente se viene en denominar como la realidad.

Entonces, si la locura fuese una causa perdida, ¿quién debe vigilar a los cuerdos? ¿Quién vigila al que vigila a los cuerdos? ¿Quién debe poseer las llaves de la cancela de la frontera entre la locura y la cordura? ¿A qué lado de la borrosa línea en el suelo queda cada una de estas dos ficciones? Y, sobre todo, ¿dónde acaba el cuerdo y dónde empieza el loco?

En esas coordenadas se mueven los dos personajes de Terapia, sentados frente a frente en una habitación que se asemeja a una caverna plagada de luces y sombras, dueños de unas mentes que fantasean y se mimetizan manejadas por los hilos invisibles del surrealismo, el humor y la tragedia urbanas.


Asier Vázquez