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miércoles, 23 de diciembre de 2015

VACÍO por Asier Vázquez



Es como si una actriz pequeña se revelase e interpretara su obra en un
recinto horadado en una inmensa mole de tiempo que, por descontado,
excede nuestro sentido de la comprensión y los límites que demarcan
nuestros miembros y nuestro paupérrimo conocimiento de lo recóndito.
Dentro de esa mole cabe, por supuesto, el escenario y las sillas que
hay colocadas ante él, el edificio que acoge el teatro, la calle en la
que en algún momento, siendo aún terreno baldío, alguien decidió que
construiría casas sobre la tierra polvorienta, el barrio y, en última
instancia, el mundo y sus delicados goznes de espuma cuántica.

Se habla, como casi siempre, de lo que se dice y de lo que no, de
quién lo dice y por qué, y de quién dictamina las reglas, los
mandatos, la lógica. Y todo sucede entre iguales, que tangencialmente
modifican su postura o su lugar en la vanguardia errática de la
historia que todo lo arrasa y todo lo alumbra,aunque no siempre
podamos verlo.

Están, compartiendo un espacio único e inasible, por ejemplo,
Demóstenes y el autor de la obra, y la mencionada actriz, que pretende
creer que no dispone de un pasado, y los espectadores, todos tentando
como el griego la suerte o la gloria y la posteridad ante mares reales
o imaginarios que devoran nuestras palabras y nuestros sueños con la
subida de cada marea.







Pero como todo se resume y se explica y se replica en todo, es el
público igualmente mar ante el que otros gritan su fortuna o su
desdicha, fugazmente autor al recrear lo pronunciado sobre el
escenario tras los ojos, aliado de Demóstenes en su lucha quijotesca
contra la intemperie, partícipe de la danza dialéctica que la pequeña
actriz ejecuta.

Hoy es fácil decirlo. Pero no fue siempre así. Tampoco es un
sentimiento constante. Quiero decir que ahora sabemos, o al menos lo
intentamos, que el vacío no es más que esas cuerdas que unen a los
grandes animales a un palito endeble en los zoos del mundo entero. Es
evidente que bastaría un leve gesto de sus corpachones para ser
libres. Solo el desconocimiento de tal certeza los mantiene atados a
esa exigua prisión. Con nosotros pasa algo parecido. Pero la certeza
de que sabemos de la fragilidad del palo al que permanecemos atados lo
vuelve todo mucho más trágico.

Por eso su verdad, la de la actriz, y la nuestra, está sin duda en las
pausas, en los momentos en los que quedan patentes las cosas y sus
contrarios: los pájaros y el aleteo sin alas, la sucesión de frases y
el carraspeo de todas las historias que desean ser contadas, el
principio y todos sus reversos, el miedo al vacío y la belleza
inconmensurable de poder llenarlo de nosotros.

                                                                              Asier Vázquez





miércoles, 18 de noviembre de 2015

NADIE por Asier Vázquez

SEÑORA X.- "¡Amelia! Qué haces aquí sentada, sola el día de Nochebuena"


Yo no sé si quien calla otorga siempre; o si su silencio es un ámbito
privado y profundo que le exime del dolor o la desesperanza; o si su
boca vacía de sonidos constituye un umbral de defensa insólito e
infalible que en ocasiones lo desgaja del mundo; o si, por el
contrario,  igual que sucede en el territorio de las palabras, se
enmarañan y se confunden los sentimientos ocultos bajo la piel propia
con los que exhalan casi sin percatarse los otros a su paso.

Tampoco sé si quien habla casi sin oposición con una aparente e
impecable entereza, socialmente promovida y aceptada, ufana desde su
pedestal de hielo, se cree todas las palabras manchadas de tiempo que
se sorprende esgrimiendo con violencia de veneno; o cuánto más podrá
soportar el asedio de las acechanzas y la traición; o si, por el
contrario, quisiera en realidad callar aunque no pueda porque aún no
sabe a ciencia cierta si debiera decir lo que dice o ir más allá.

También es cierto que el silencio de quien calla está veteado de
llanto y de canto, de risa, de una forma más densa y más ininteligible
de silencio. Y que quien no cesa de hablar soporta sobre si una
pesada carga de delirio y furia, los restos de la burla arrojada como
lluvia fina de polvo y su reverso la flaqueza que retorna, objetos que
fueron inocuos o lo parecieron en otro tiempo que ya no es este en los
que se reflejan como filos que hieren recuerdos y semejanzas.

Entonces, ¿quién es la más fuerte? Nadie, quizá. Porque ya se sabe que
la mano que asesta el golpe mortal se mancha invariablemente con la
sangre del asesinado y, al mismo tiempo, algo queda sedimentado en el
lecho de las venas del asesino de la muerte que acaba de impartir. Y
como sucede a veces, es aún demasiado temprano o incluso ya tarde para
que no se sepa aún quién fue quién en un momento encapsulado de la
historia. Es cierto. En ocasiones no basta con estar delante para
poder saberlo. Pero yo que ustedes bajaría las escaleras y aguzaría el
oído que el tigre ya empieza a entonar la melodía con su voz indomable
que muy pronto será silencio. Y, ¿lo escuchan? Alguien empieza a
pronunciar un nombre de mujer PAULATINAMENTE como si abriera una
compuerta interior...


ASIER VÁZQUEZ

domingo, 19 de julio de 2015

Sincronías: LAS PLANTAS de Pablo Messiez, Estefanía de los Santos y yo.




Se deshace de un cactus que está muy golpeado, y ya sé que irá mal, que se equivoca. En este mundo hay que cuidar nuestras espinas.
Llama princesa a una orquídea que ha perdido las flores. No es tan tonta aunque vuelva a ponerse unas bragas manchadas.
Y habla y habla y habla por temor al silencio y por pena.
La pena es un castigo que no nos perdonamos.
Alicia se fue al pozo  por preferir a quienes nos lastiman y entonces me acuerdo de un poema de Ida Vitale, se llama “Amar a un conejo” y dice así: Te dieron un conejo/ te dejaron amarlo/ sin haberte explicado/ que es inútil amar/lo que te ignora.


Hay lluvias que no acaban, las provocamos nosotros por no saber amarnos.


Soraya García






LAS PLANTAS
Con Estefanía de los Santos
Texto y Dirección de Pablo Messiez
Ayte. dirección Alicia Calot
Teatro Lara

lunes, 15 de diciembre de 2014

LAS CRÓNICAS DE MJ - LA BELLA DE AMHERST - William Luce / Juan Pastor



En Teatro Guindalera, si llegas un día lluvioso de otoño con bastante antelación con respecto al inicio de la función, son tan amables que te recomiendan un lugar cercano que consiga hacer más grata la espera. La biblioteca pública de la calle Azcona, por lo visto, una de las más amplias de Madrid, cumplió su cometido. Ningún ejemplar de William Luce en la sección de teatro; era de esperar. Esta vez no conocía el texto que se iba a representar, aunque sí a la escritora a la que se pretendía devolver a la vida: Emily Dickinson. “Conocer” es una concepto equívoco en depende qué contexto; en realidad, he leído alguno de sus  poemas y curioseado en los misterios de su biografía. El personaje real es ya bastante interesante: reclusión voluntaria en su hogar, posible enfermedad (epilepsia), obra prolija que permaneció inédita hasta después de su muerte... En la actualidad es reconocida como una de las poetisas más importantes de América.


Cuando recogí mi entrada pregunté: -“¿Qué me recomiendas para conseguir un buen sitio? ¿A qué hora vuelvo?” -“No hay problema”- me contestaron -“Nos falta por vender un tercio del aforo” Sentí de veras que fuera así, pero eso no me aseguraba un lugar privilegiado. Nada se interpondría entre María Pastor y yo; improvisé lo necesario para conseguir sentarme en primera fila a disfrutar del espectáculo.


Juan Pastor había hecho uso de su barita mágica y, en el escenario, permanecían suspendidas en el aire dos sillas giradas y a distinta altura. Algunos muebles aparecían volcados en el suelo, como si los hubiera empujado a esa posición una fuerza centrípeta, imagen congelada de lo que agita en su seno el ojo de un huracán mientras se reproduce.

Me satisfizo acertar en las predicciones, pues la obra se inició con el sonido lejano del vendaval, que balanceó levemente las sillas colgantes y el extremo de la insinuada vegetación. Esa voz atemporal resucitó a nuestra protagonista: la maga blanca, la que con un chasquido de los dedos consiguió atravesar la cuarta pared y conversar directamente con el público, seres del futuro, para después regresar a sus encuentros y desencuentros con personajes fantasma, criaturas del recuerdo. Con la ayuda de su prodigiosa memoria, enderezando un mueble o sentándose con cierta disposición en un sillón, fue capaz de dibujarnos de tal modo a los ausentes, que pudimos imaginarlos allí,  interactuando con ella; hasta al gato de su hermana que le deshacía las madejas. Saltó Emily adelante y atrás, de acontecimiento en acontecimiento, con la agilidad de lo incorpóreo, con la levedad de una pluma mecida por la brisa. Y, de súbito, un poema, un nido de palabras que ahondó en la cadencia del texto al completo, elogio del canto.



La poetisa, se ocupó ante nuestra plácida mirada de los pájaros, las fuentes, el huerto; y, a media noche, de las palabras, su pasión y su credo. Contó para la representación de su vida con cómplices suficientes: con sus padres y sus hermanos, con alguna amistad; un gran amor platónico, el que nos mencionó como Maestro. Su mundo, feliz y pleno a nuestros ojos. Tan solo una nostalgia presenciamos, la imposibilidad de publicar, la búsqueda de lectores más allá de su entorno. Al principio de la obra nos dio a probar una de sus tartas; al final, fue íntegra su entrega a través del baúl que contenía su mayor tesoro, miles de versos.

En medio de todo, el misterio. Algo inconfesable, del otro lado, que impregnó la atmósfera de la sala, que bailó en las pupilas de la actriz reflejándose de forma inmediata en las nuestras, dilatadas por la atención hipnótica. Permanecimos conectados a lo esencial como por encanto, sonreímos con ella y le enjugamos esa tímida lágrima, fruto de una pérdida. Pero no hubo ningún drama, nada que nos apartara del gozo de la creación, ningún dolor que emponzoñase ese placer de escuchar atentamente a Emily pronunciar una palabra llenando toda la boca de musicalidad cargada de sentido, de significados nunca tan precisos, pues que se alzan las palabras, se arremolinan y vuelan, trascienden, se las lleva el viento a otros oídos, a otros labios.


La tragedia, si la hubiera, es el agotamiento de la vida, que no el final, pues legamos siempre nuestro ejemplo; pues siempre se pueden recoger del suelo los muebles, enderezarlos, ponerlos en su lugar para que recuperen su utilidad y resulten de nuevo confortables y cálidos.

Es este un trabajo artístico cargado de esperanza, la misma que enarbolan los que conforman el equipo de teatro Guindalera, héroes contra el vendaval de la sinrazón que parece pretender arrasarlo todo. Ellos permanecen en pie y regresan cada día con una sonrisa al punto de encuentro. Emulemos su coraje y no faltemos a la cita.

Es este un compromiso,


MJ                                              María José Cortés Robles 




martes, 9 de diciembre de 2014

EL GUIONISTA CONTABLE: Cifras y Letras

Sí, así como lo pone. Guionista contable. Cifras y letras, como aquel mítico programa que si lo hubiera dirigido Jordi Hurtado aún seguiría en antena. Eso es lo que soy a día de hoy. Un guionista que busca la rentabilidad de un restaurante importante de Madrid. Total contradicción. Y total ironía, si me apuras.
Cuando me pongo a pensarlo bien, caigo en que vivo en un mundo deseado para los guionistas. La antítesis, el conflicto, contrariedad, contradicción... Madrileños contra catalanes, hombres contra mujeres y rudos contra pijas. Eso y una localización muy española. Un bar. Y... ¡Voilá! Ya tienes una serie como Los Serrano para dar rienda suelta durante ocho temporadas. ¡8! Lo demás, ya no importa. Da igual si metes actores que casi son padres para papeles de adolescentes, una banda sonora de la que preferiría no hablar por respeto a Hans Zimmer y un final ¡Ojo spoiler! de traca, en el que todo es un sueño... Increíble, pero cierto.




Pues ese es el mundo en el que vivo yo. No el de pijas y bandas sonoras, sino en el de la antítesis total. Haciendo números y verificando si los costes de una cosa y otra cuadran y dejan un beneficio a la empresa. Aunque siempre hay que decir que todo tiene similitudes, así como Dios dijo que todos éramos hermanos. Que por cierto algo fetiche sí que suena eso. Me veo encerrado en el cuarto de baño (mítica escena) amenazado por Antonio Resines con una escobilla de váter acusándome de incesto por acostarme con mi pareja.
-"Que Dios dice que todos somos hermanos, que es tu hermana joder, joder, que te meto, macho..."
Uff, no, quita, quita...
Las similitudes en mi puesto de trabajo con el guión son escasas, pero para eso estamos para crearlas.
¿Cómo puede llegar a sobrevivir la creatividad entre croquetas, dj's y mojitos? ¿Cómo las letras sobreviven a un tsunami de números?





Recuerdo la primera vez que nos reunimos para decidir si subir el gramaje a cada plato sin subir el precio de venta y sin cambiar la calidad de la materia prima. Eso es como hacer que la función dure dos horitas y media más por el mismo precio de venta de la obra y sin quitarte del cartel a José Sacristán y Maribel Verdú. Cuanto menos, complicado. Muy vistoso sí, pero poco rentable.
- "No sé cómo podemos hacerlo, pero tenemos que aumentar el gramaje de cada plato"
Esa era la directriz. Darle más peso a la merluza, a las patatas o a lo que sea. Era darle una o dos frases más a un personaje. La putada es que ese personaje está creado por un profesional (chef) que sabe que hablando sólo eso, no va a desestabilizar el resto de la historia. Con lo cual...¿Doy más letra al solomillo y obtengo menos números? ¿O doy más protagonismo al plato, pero le pongo mejor cartel y un precio adecuado?




Letras y números. Sobrevivo pensando que la carta del restaurante es nuestra obra, nuestros platos son nuestros actores y nuestro local nuestro escenario. Un espacio donde se buscan buenos intérpretes (camareros, recepcionistas...) que hagan sentir a esos espectadores (odio la palabra cliente) como en su casa.
Y todo ello con un claro objetivo, que vuelvan. Y ahí debo decir, que es donde se encuentra otra similitud entre cifras y letras. El objetivo. Al final, un contable busca cumplir un objetivo y un guionista busca que algún personaje cuente su objetivo a través de imágenes, diálogos y miradas.
Que vuelvan a venir a comer. Que vuelvan a venir a ver nuestras obras. Que vuelvan a comprar un libro escrito por mí.
Al final, uno puede sentirse mal por no destinar todo el tiempo que quisiera a lo que le llena el corazón, pero sentirte totalmente desplazado o aislado de lo que ama por tener que estar ocupado en otra cosa se demuestra que es una simple excusa. Y barata. Mi mente no para de hacer números buscando rentabilidades, pero mi corazón no deja pasar ni una ocasión que tenga que ver con plasmar letras en un papel.



Y aquí estoy, escribiendo en este fantástico blog lo que me pasa por la cabeza. Volviendo al principio de la cuestión, un guionista desconocido escribiendo para La Conocida.
Bendita contradicción...



sábado, 6 de diciembre de 2014

EDITANDO TEATRO: Entrevista a CONCHITA PIÑA por Soraya García







Esta semana tenemos la gran suerte de contar con Conchita Piña, directora de EDICIONES ANTÍGONA, la editorial independiente más importante de nuestro país especializada en Teatro contemporáneo y Filosofía. 
Diez años de andadura y más de cien títulos que componen su catálogo donde destacan también las publicaciones en colaboración con la agencia de representación teatral QdeQuintanilla, la Asociación de Autores de Teatro (AAT) y la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD).



La primera vez que vi a Conchita Piña estaba detrás del mostrador en la Feria del Libro de Madrid, es su stand de Ediciones Antígona. Me habían dicho que era una mujer brillante, inteligente, valiente y guapísima. Recuerdo que pensé que valiente se queda corto para definir a una mujer entregada a la misión de publicar libros de teatro, poesía y filosofía. Acostumbrada como estoy a visitar las bibliotecas populares he podido constatar que suelen ser las secciones más desabastecidas y los libros menos consultados y, muy a menudo, pasan años sin salir prestados o incluso puede que sea la primera vez que abandonen las estanterías si decido llevármelos a casa. Bueno, pues hay otra mujer que comparte mi pasión por esos libros.
La segunda vez que la vi estaba subida a unos tacones de aguja y tenía unas pestañas como alas de golondrina, nos contaba "Lo que Nunca Contó Isabella Mas” frente a un espejo de la sala El Burdel a Escena.





SORAYA GARCÍA.-¿Cómo ha sido tu experiencia de recitar junto a tu compañera Luz de Paz? Te confieso que he ido a cientos de recitales de poesía y no he visto nunca nada parecido a lo vuestro. Es muy refrescante y divertido escucharos recitar.

CONCHITA PIÑA.-Bueno, lo primero, gracias por estas magnificas palabras de presentación. Recitar con Luz de Paz ha sido una experiencia increíble. Nos hemos entendido fenomenal en la escena, porque ella tiene alma poética. Ha sido un regalo poder volver a actuar y encima en un proyecto así.

SG.-¿Qué necesidad de los seres humanos crees que satisface el teatro o la poesía?

CP.-Pues creo que la más importante. La de sentirse vivos. El teatro y la poesía activan dimensiones humanas que muchos días se nos quedan olvidadas por la rutina cotidiana. Lo mejor: poder vivir poética y teatralmente, hacer de cada día un acto poético.

SG.-Sabes cuando yo era pequeña había una serie en la televisión en la que ,te juro que escuché este mensaje : Si no puedes ser poeta, se poema.
CP.-Qué frase tan preciosa. Ser poeta debería ser una forma de vida.

SG.-Sí, porque comprendía el Maestro del pequeño Saltamontes que ser poeta era una tarea dificultosa, quizá solo para algunos elegidos, pero hacer de tu vida un poema era tarea al alcance de todos. ¿Conchita se lee teatro en España?, yo se que la poesía tiene muy pocos lectores por desgracia pero ¿cuáles son los autores de teatro más leídos?

CP.-Se lee teatro en España, y cada vez más. Nosotros, desde Ediciones Antígona, nos gusta pensar (llevando a cabo un acto poético) que estamos teniendo algo que ver en la revitalización de la lectura teatral. Hay muchos autores que se leen, Miguel del Arco, Jordi Galcerán, Fernando J, López, Fernando Arrabal, Javier Calvo y Javier Ambrossi (los chicos de La Llamada)..., por decirte solo algunos. Además lo maravilloso es que el perfil de lector va desde alumnos de instituto a amantes de la lectura en general, pasando por la gente de la profesión, tanto a nivel profesional como aficionado.
                

SG.-¿Cuáles son las obras que nos ayudan a pensar el ahora? ¿Cúales los autores y los directores?

Qué pregunta más difícil y más buena. Realmente, creo que todas las obras que hablan sobre las relaciones entre las personas o sobre cuestiones más filosóficas que tocan el sentido del ser del hombre y de la vida. Pero, vamos, esto traducido a lenguaje teatral, quiere decir que todas. Lo bueno del teatro, es que gracias a su inmediatez, nos hace siempre cuestionarnos el aquí y el ahora, sobre todo, cuando uno empatiza con lo que sucede en la escena. Se dan actualmente, varios tipos de obras teatrales: la comedia ligera, esta puede ser la que quede más apartada de la realidad, porque su carácter es de mera evasión de la realidad; las obras de pensamiento y políticas y las comedias críticas. Estas últimas sería las que nos sitúan en el ahora.


SG.-Un ser humano no es solo su tiempo, nos construímos sobre lo que han hecho los demás para apoyarnos o para rechazarlo. ¿Cuáles son las obras de teatro que nos han construido? ¿Quiénes son, para ti, los Maestros del pasado?

CP.-Hay tantos... Si hablamos solo de obras de teatro, está claro que no podemos dejar de lado el teatro clásico griego: Antígona o Edipo Rey de Sófocles... el teatro del Siglo de Oro y anterior, Lope y su Fuenteovejuna o Don Juan Tenorio de Zorrilla... que por cierto, fue una época de grandes dramaturgas.. Ya en lo contemporáneo, hay varias obras y épocas que son referenciales para mí. «Casa de muñecas» de Ibsen y luego todo el teatro de Vanguardia, Ionesco, Beckett... y ahora,  Mayorga, Sinisterra, Arrabal... los clásicos contemporáneos.


SG.-¿Grandes Dramaturgas? Por favor, no tengo ni idea háblame de ellas

CP.-Ahora estoy investigando sobre ello, a raíz de una circunstancia actual: en mi experiencia como editora de teatro son mucho más los textos que nos llegan y que publicamos de dramaturgos que de dramaturgas. Este hecho nos ha puesto en alerta y nos hace ponernos a trabajar en la visibilidad de la mujer dramaturga. No por cuestión de género y discriminación positiva, sino por justicia con la realidad literaria de nuestro tiempo.

SG.-Cuando elegimos una novela para leer nuestra actitud de lector sería la de desplazarnos por ese universo nuevo que el autor despliega ante nosotros y viajar por ese hilo claro u oscuro a donde nos quiera, o normalmente pueda, llevarnos. Sin embargo si es un poemario lo que elegimos, tendremos que estar dispuestos a poner todo nuestra energía, nuestra mente y nuestro cuerpo al servicio de la poesía, toda nuestra inteligencia, y nuestro mundo interior, para que resuene con el del poeta, y así se expanda en nuevos sentidos.
 Conchita nos podrías dar un consejo de editora a lectores, en tu opinión ¿Cuál es la disposición más adecuada para leer una obra de teatro?¿hay alguna manera mejor de leer estos libros?

CP.-Siempre que uno se acerca a un libro, debe de hacerlo sabiendo que lo que se va a encontrar entre sus páginas puede descubrirle cosas nuevas del mundo, y lo más sorprendente de la lectura, de uno mismo. Cuando un lector se enfrenta una obra de teatro, consciente de que va a leer una obra de teatro, debe saber que el texto le va a llevar a recrear en él, todos los mundos posibles. Cuando leemos un texto teatral debemos estar dispuestos a ser a la vez el héroe, y el tirano, la mujer amada y el hombre desdichado, el culpable o la víctima, el guapo y femme fatale... Y si se puede leer acompañado, mejor que mejor.

 



SG.-Cuéntanos por favor cual es la historia de tu Antígona ¿Qué idea inspira el trabajo de tu editorial? ¿Por qué le llama Antígona? ¿Dónde te gustaría llegar con ella? ¿Cómo has llegado a levantarla?

CP.-La historia de Antígona es la historia de tres locos.
De tres amigos que se conocen en la Facultad de Filosofía. Uno de ellos, Isaac Juncos, ya tenía una editorial unipersonal y nos invitó a Ignacio Pajón y a mí a acompañarle en esta locura maravillosa. Así que, ahí nos vimos tres jóvenes entre 24 y 27 años que nos poníamos a levantar une empresa cultural. Al principio nuestra línea editorial era generalista, es decir, publicábamos casi todos los géneros. Pero, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que a nosotros lo que nos interesaba era el teatro, la filosofía y la crítica teatral, porque los tres veníamos de ahí. Por eso decidimos especializarnos en estos géneros.
 Sabiendo esto, el nombre es muy fácil de descifrar; queríamos buscarle un nombre que pudiese conjugar todos estos aspectos. ¡Y qué mejor que Antígona! Y así, con mucho esfuerzo y mucha ilusión y con un proyecto claro hemos ido creciendo, mucho más de lo que teníamos previsto, posicionándonos en el mercado editorial como una de las editoriales de teatro contemporáneo de referencia en el panorama nacional.
Esto nos hace relacionarnos y colaborar con los mejores y mayores profesionales en nuestros géneros: la agencia de representación teatral Qde Quintanilla, la RESAD, Distintas Universidades y Ministerios...

Ahora después de casi diez años de andadura, el balance no podía ser mejor y ahora ya, no queremos hacer otra cosa que no sea editar a los mejores dramaturgos contemporáneos en lengua española.




SG.-Tienes un optimismo y una energía contagiosa, oyéndote no podemos pensar más que ¡Claro, no puede ser de otra forma!, lo haces fácil. Quizá vuestra actitud es vuestro secreto. ¿Cuántas horas trabajáis al día? ¿Cómo compaginas tu faceta de creadora y la de Editora?

CP.-Puede ser eso, ¡qué bonita lectura!, quizá es que nos sale porque hacemos solo aquello que nos hace felices.
Trabajamos muchas horas, creo, incluso, que no dejamos de trabajar nunca. La editorial es parte de nuestra casa, aparte de de un centro de trabajo es un punto de encuentro abierto a cualquier hora a todo el mundo. Después, cuando acaba el horario de oficina, toca el trabajo de campo, que también nos encanta, asistir a funciones de teatro para estudiar y conocer lo que se está haciendo en los teatros tanto del «off», como de los teatros convencionales. Somos afortunados porque el ocio y el trabajo son parte de la misma moneda. Luego, respecto a ni faceta de escritora de poemas, bueno, la naturaleza me ha regalado el don del insomnio, así que el resto de horas que me quedan, son las que dedico a la poesía. Aunque, como tú bien sabrás también, la poesía se impone y no tiene hora, hay que atenderla cuando llega. Realmente, no tengo la sensación de hacer varias cosas diferentes. Vivo mi vida profesional y literaria como parte del mismo continuo.

SG.-Enhorabuena Conchita creo que aunque te puedas sentir cansada algunas veces, tienes la llave de la felicidad. Muchísimas gracias. Tú nos inspiras, nos enseñas y nos acompañas, es un inmenso honor y una grandísima alegría hablar contigo y que nos consideres entre tus amigos. Por último si quieres decir algo más a los lectores del Blog, algo que te parezca importante y que no te hayamos preguntado.

CP.-Gracias por dejarme compartir este rato con vosotros. Da gusto conocer, también, a gente tan apasionada con lo que hace. Así no nos sentimos solos, ¿cómo no vamos a ser amigos? Estamos destinados a ser amigos. A los lectores del blog darles las gracias por hacer posible este espacio para el arte y la literatura. Invitarles a que se acerquen al libro teatral, porque el teatro también se lee. Y animarles a que sigan leyendo que lean con la misma pasión con la que aman.

Soraya García

jueves, 6 de noviembre de 2014

ILUSTRA UN MES III: BEATRIZ REY



"Ilustra un Mes" de Noviembre se abre paso con un nuevo universo artístico: la fotografía. En este caso de la mano de Beatriz Rey Ortiz de Solórzano, una joven promesa de veinticuatro años nacida en Madrid. Comenzó su carrera en el año 2009 de manera autodidacta como hobby, medio de expresión y escape. Al tiempo, pensó dedicarse profesionalmente a lo que más le gustaba en la vida, incluso participó en la agencia americana Getty Images durante los años 2012-2014, pero finalmente descartó esta idea por el concepto poético de no convertir su pasión en su profesión y guardarlo como refugio sagrado, dejando la fotografía en un rincón más íntimo y personal. 



Una niña caminando entre unas palomas, un beso efímero, un ave alzando el vuelo, una fugaz sonrisa. La idea de exprimir la realidad, en un solo tiro, sin opción a repetir o retocar. En algunas de sus fotografías se ve la inmediatez, la realidad de fijar un instante preciso jugando con la idea del encuentro sin posibilidad de volver a vivir ese momento. Sin duda, la acción de la observación está latente en todas sus obras haciendo saltar una chispa llena de espontaneidad. Una espontaneidad prácticamente digna de la fotografía. En este caso, Beatriz ha actuado casi como la mujer invisible, sigilosa pero atenta, como la narradora en tercera persona de cualquier relato. En la fotografía prima la tensión, el impulso del nerviosismo positivo. 




En otras de sus fotografías no es la inmediatez lo primero que puede venir a la mente del espectador, sino una sensación de naturalidad y belleza, independientemente de que sea un paisaje o un retrato. Sin duda, esa idea de intimidad que persigue nuestra artista se ve reflejada en muchas de sus fotografías haciéndonos partícipes de la escena. La carga sentimental se nota a flor de piel, sobre todo en las fotos de su hermana melliza y musa. 



Los colores son ricos y vibrantes. Parece que en este sentido, ha seguido consciente o inconscientemente, el consejo del fotógrafo Cartier Bresson en el que decía que la fotografías no las encuentras si las buscas, sino que deben ser ellas las que vengan a tí. "Cézanne dijo. Cuando pinto, si empiezo a pensar todo se va al diablo." En estas fotografías se nota el placer por la composición plástica y la sensibilidad que proviene del subconsciente y que no puede explicarse con palabras. 


También parece seguir los consejos de este maestro de la fotografía en los retratos, sobre todo los de su musa. Tanta importancia le daba a la relación con el sujeto, que decía que incluso una mala palabra podría arruinar toda la foto. Conseguir evitar el artificio y que parezca que el retratado ha olvidado que existe una cámara es muy difícil y parece que ella lo consigue sin problemas. Se observa una geometría muy bien formada, pero de manera instintiva. Como debe ser.    
                                             
La luz es la fotografía en sí misma y en la marca Beatriz Rey está captada de una manera inteligente y maravillosa, poética y pictórica, tanto en las fotografías en blanco y negro, como en las de color. Sus estudios de luz abarcan atardeceres, pleno sol o días nublados, pero en todos te sientes atrapado y envuelto en una atmósfera absolutamente natural e íntima. Erótica y amorosa. Pero sobre todo, por encima de todo: BELLA. 



Su fotografía une, crea lazos, desnuda el alma y resalta el amor hacia sus modelos y paisajes. Lo que igual no sabe Beatriz es que también está creando una conexión, unos lazos irrompibles, con el espectador de su obra. 

Victoria Alonso Yanes



                                   
                                            

viernes, 13 de junio de 2014

LA VOZ POÉTICA por Soraya García


He visto un poemazo tirado por el suelo ante el temblor incontrolado de su poeta.

He visto unos versos despeñarse en un histrión que los llevaba por un sentimiento que no correspondía.

Reconozco haber jugado a declamar sonetos de Gerardo Diego con la voz de Alberti y hacer versos de cosas locas como la dulce Gloria Fuertes.

Yo oí decir al poeta chileno Gonzalo Rojo con ochenta años una tarde en la Casa de América, que no soportaba las formas de nenaza de algunos poetas al recitar, justo después de que un ínclito colega terminara su sentidísimo poema. Pero que no daría yo por escuchar a Lorca recitar algún Soneto del Amor  Oscuro, sería como andar por primera vez ese camino…

He oído a Nuria Espert :
“Río Duero, río Duero nadie a contémplarte baja…
y sentí toda la soledad del mundo en el cauce de mis venas.

He crecido con el If de Valladares, y era tan poderoso, que me tiñó todo Kipling con su voz.

No sé que es más ajustado a la poesía si un poeta o un actor. No renuncio a nada ¿por qué hacerlo?

Ahora sí, nunca, nadie, jamás, dirá:
Di que me amas. Di: «te amo»,
dímelo por primera y por última vez.
Sólo: «te amo». No me digas cuánto.
Son suficientes esas dos palabras.
Como el grandioso José Hierro.

Nunca, nadie, jamás, dirá como Germán Estebas:
Escribo desde un naufragio,
desde un signo o una sombra,
discontinuo vacío
que de pronto se llena de amenazante luz.

Lo dicho, yo no renuncio a nada. La poesía no será de quien la escriba, ni será de quien la reciba, la poesía será de quien se reconozca en ella… y del silencio, también del silencio.


Soraya García

Los actores Germán Estebas (Don Quijote) y Jose Luis Checa (Sancho)
"Don Quijote" de Ángel Gutierrez - Teatro de Cámara Chéjov