En este espacio os mantendremos informados de las novedades de nuestras producciones y de los atrevimientos, enfados, alegrías y contradicciones de nuestros conocidos ¡Bienvenidos!
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sábado, enero 31, 2015
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Conozco a Pablo desde que tenemos cuatro años. Y si intento recordarle en clase, la mayor parte del tiempo es pintando algo: un libro, un margen, una mesa. No importaba.
Como un viejito que escucha la radio y hace sus cosas, el estaba en clase dibujando sin parar.
De repente y después de años sin vernos, un día que regalamos el teatro aparece por sorpresa. Llega tarde, corriendo. Está tan lleno de gente, que presencia la función desde detrás de una reja, sentado. Creo que no fue capaz de ver la cara a ningún actor.
Y ahí le tengo de nuevo, ocho años después. Volviendo a escuchar mientras imagina. Acaba la función y sonriente me dice que le ha encantado no-verlo así, que se le ha llenado la cabeza de imágenes. Pablo Colomo escucha el silencio y lo convierte en humo transparente.
Gracias
S
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martes, enero 20, 2015
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La Conocida
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En esta ocasión me acompañó una amiga
muy querida. Las dos somos madres, las dos tenemos hijas, las dos hemos
atravesado circunstancias familiares complejas y dolorosas. Mi amiga es una
inteligente y bella mujer, valiente como pocas, luchadora. Madre coraje.
Aunque estoy feliz por lo acontecido
ayer, me hubiera gustado ver esta película con mi hija. Cada vez que ella y yo
restauramos las grietas de nuestra historia en común con una experiencia
artística compartida, tenemos una sentencia: “contigo todo me sale bien”. Es
una creencia que se resuelve en mágica certeza.
Desde que era niña la acostumbramos a
tener hambre de belleza, a mi hija; la condenamos a una reflexión continua con
tendencia al precipicio, a la obligación del vuelo para poder evitar el choque
final. Felizmente, ella almacenaba las necesarias cualidades. Uno solo cuenta
con lo que la naturaleza le ha concedido y con su capacidad de esperanza. Nos
recreamos en nosotros mismos y en el otro con nostalgia de una perfección
soñada, pero somos lo que somos y no podemos huir. O sí. Pero, en ese caso,
únicamente si corremos de la mano, si saltamos juntos al interior del magma
incandescente, podremos alejarnos lo suficiente de la luz cegadora para
remontarnos luego sobre las tormentas.
Hacía tiempo que no me encogía literalmente
de dolor en una butaca sobre la que se me presupone expectante a la par que
tranquila, que no me llevaba la mano a la boca para ahogar vete tú a saber qué
grito, que no cubría parcialmente mi visión al tiempo que agudizaba ese mismo
sentido para no perderme ni un detalle de un fotograma impactante, que mi
emoción no se transformaba en un incesante torrente lacrimoso. Ni los
subtítulos lograron distraerme de lo verdadero inserto en esta película firmada
por Xavier Dolan, única de las suyas que he tenido la fortuna de disfrutar. El
trabajo de los actores es ya en sí mismo un haz de luz a contemplar como quien
contemplase una danza de rayos
atronadores que diera paso a un arco iris. Dolan utiliza los recursos del
séptimo arte dibujando magistralmente en la pantalla, nos acuna y nos lleva
melodiosamente, nos sumerge en un caudal de sensaciones, extasía nuestros
sentidos colgándolos de los instantes filmados como de perchas ajenas al tiempo;
nos provoca y zarandea haciendo que apostemos locamente por la provocación
misma, por el estigma de la diferencia.
Porque comprender al otro no es
difícil, sobre todo si existen lazos de sangre, lo difícil es salvarle, acertar
con la sutileza del gesto que no espante,
amarrarle a nuestro lado, para no perderle irremediablemente. Lo complicado es
no hundirse también en esa vorágine que genera el amor apasionado por nuestros
congéneres. Suele ser más efectivo lo ajeno enamorado. Como tabla de salvación,
es mejor acogerse a aquellos que sin obligatoriedad nos eligen, involucrándose
en nuestras desesperaciones. Porque el que busca salvar a un amigo, se salva a
sí mismo. Es popular el dicho de que nuestros mejores consejos son aquellos que
versan sobre lo que más necesitamos aprender. Lo ajeno nos interrumpe y nos da
perspectiva, nos miramos en sus aguas oscuras esperando la incidencia que las
transforme en espejo y, cuando reconocemos, aportamos. No es lo común ni lo
genético la clave que abre los cerrojos, es lo esencial, lo humano.
Los personajes principales de “Mommy”
conforman un triángulo esotérico que genera milagros, una pirámide de espejos
cuyos reflejos cambiantes acarician el techo de la angustia. El amor es
ilimitado, aunque culturalmente se
pretenda catalogar y embalsamar cada tediosa costumbre a la que adjudicamos ese
nombre sagrado. Amar es vertical. Los vínculos pueden impulsarnos o ahogarnos.
Nadie nos pertenece, pertenecemos.
La gravedad de existir nos otorga
equilibrio. Pero hay seres que se empeñan en lanzarse contra el cosmos,
mientras la mayoría nos consumimos en las pesquisas racionales tal cual se
torna ceniza en una mano inmóvil el tabaco de un cigarro. Estos astros suicidas
van rasgando con su ardiente estela imposiciones veladas y se adentran en
impulsos de lejanía, amplían anchuras del horizonte al tiempo que circulan a
velocidad de vértigo. Si por azar nos cruzan la mirada de parte a parte,
tomarán como encargos nuestros instantáneos deseos, asumirán nuestra carga y quizá
lograremos que los ralentice en algo, que los haga posarse, durar más, apagarse
un poco. ¡Qué miserable es el pánico, qué terrible la osadía!
Por mucho que uno se oponga, el
movimiento es vida, el camino se bifurca en senderos y la soledad es nuestra
irremediable compañera. Si la risa y la danza compartida se tornan eco en la
memoria, si la cadencia de los abrazos reconforta el escozor aislado del ego,
si los sistemas se desmoronan ante las necesidades urgentes de los individuos;
será entonces que no es circular nuestro destino ni lleva el nombre de
infierno, será tal vez que todo es posible. Así sea,
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sábado, enero 17, 2015
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Abro la puerta del restaurante a las 9
de la mañana, cuando llego a mi puesto de trabajo. Soy el segundo en llegar,
después de Virtudes. Virtudes es nuestra empleada de limpieza, que llega cuando
el sol aún se está desperezando.
Tiene algo más de cincuenta años, la voz
ronca, una coleta por decreto, viste de negro y en manga corta. En enero y en
manga corta.
No acabo de entrar, cuando cada mañana
me sale al paso.
-Buenos días Virtudes.
-Buenos días cariño. ¡Cómo estaba esto
hoy! Necesito amoniaco, pape...
-Virtudes...
-Que te deje llegaaar -me interrumpe con
una sonrisa.
Bajo hacia la oficina y normalmente me
escolta preocupándose sobre mi estado o sobre mis quehaceres del día anterior.
Virtudes es la persona que puede que
cobre menos de las 50 personas que hay en plantilla. Bueno, es la que menos
cobra. Barre, friega, pasa la bayeta, el plumero, pule barandillas, sube
escaleras, limpia cristales, baños, váteres...
-Porque yo en el váter soy de las que
mete la mano -diría ella.
Hace tantísimas cosas y todas ellas de
un perfil no muy vocacional. Un camarero, en muchos casos es vocacional, un
cocinero, un barman... Un actor, un director, un guionista... ¿Pero personal de
limpieza? Estoy seguro de que no.
Virtudes es una persona muy entregada y
de no quejarse o de quejarse a medias. O de quejarse por vicio.
-Cariño, que si los empleados no pueden
entrar en el baño de clientes, que no entren, que es que encima luego hacen de
cuerpo y no limpian -me dice y sale de la oficina.
-Entra en 4, 3, 2, 1... -pienso.
-Que a mí me da igual si hacen de
cuerpo, si además es algo natural, pero que lo dejen limpito -añade y cierra de
nuevo para volver a abrir- O que me llamen y lo limpio yo, que a mí me da
igual, tú ya sabes que yo soy de las...
-Que meeete la mano, Virtudes -finalizo
yo. Ella sonríe y sale.
Ese es su mayor vicio. Entrañablemente
quejica.
Y os digo, que eso de que los
superhéroes no existen es mentira. Virtudes es una de las muchas heroínas que
campan en todas las empresas.
Héroe es aquel que tras diez horas de
trabajo hace un último ensayo para un rato después dar un concierto hasta altas
horas de la madrugada por amor al arte. Nunca mejor dicho.
Héroe es aquel que consigue hacer que
una empresa en tiempos de crisis salga adelante.
Héroe es aquel otro que después de
servir cien menús Bigmac, aún tiene una sonrisa para acercarse a un casting de
un papel en una serie.
Y sin lugar a dudas es aquel que crea,
inventa e imagina historias para llevarlas a cabo sobre un escenario o ante una
cámara. Y todo eso a pesar de que el Estado le imponga un 21% de IVA, dejando
la virtud de la cultura a la altura del alcohol, del vicio.
Vicios y Virtudes. Doble V. Como el
single. Como el grupo.
Ese es el mayor héroe, porque el
superhéroe es el que lo hace y lo hace regalado.
Superhéroes que, las circunstancias y
los hechos les obligan a crear una pared de piedras alrededor de su corazón,
sin por ello dejar de sentir lo que hacen. Y de eso, es por donde empezaría yo
a crear una historia que empezó con mi amigo Carlos Núñez, una noche tras una
función de teatro regalada. La historia de un corazón rodeado de piedras. La
historia de un superhéroe en la actualidad.
Seguro que conocéis a más de una y a más
de uno. Todos queremos tener uno. Todos necesitamos uno. No sólo lo digo yo,
también lo cantaba Bonnie Tyler en su granI
need a hero.
Nuestra Virtudes no viste con capa ni
lleva la ropa interior por encima de los pantalones. Como ya os he dicho, viste
de negro, en manga corta y en enero. Cambia el Batmóvil por el autobús 24 y la
escoba es su bandera, pero sin duda es nuestra heroína particular.
Y si no existen ni Spiderman ni Superman
es básicamente porque no podrían compartir un mundo con Virtudes. Si la araña
se acercara a picar a Peter Parker, moriría debido a un mochazo y la
kriptonita de Clark Kent, ya hubiera sido reutilizada para abrillantar alguna
barandilla.
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miércoles, enero 14, 2015
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La Conocida
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Me he decidido a intentar
describirlo, este trabajo de Tomaž Pandur, a toro pasado. El ticket de entrada ha caído
del interior del programa de mano cuando lo he alcanzado del corcho de la pared
al que estaba sujeto; se ha introducido tras un mueble y me he esforzado en
sacarlo; conservo todas las entradas de las funciones de teatro a las que he
asistido. No sé cómo descifrar esta señal, si es que lo fuera... No importa,
hago acopio de relativismo y me siento frente al ordenador a reorganizar en mi
mente este asunto del Fausto traído hasta nuestra sociedad informatizada,
conexionada, programada.
Las atmósferas teatrales, los
principios y los finales de espectáculo, siempre me ofrecen credenciales sobre
la calidad artística de los mismos. Desde la entrada a la sala del Teatro Valle
Inclán un leitmotiv musical hipnótico destilaba
esencia de misterio, con su goteo de notas metálicas. “Silencio”, llevaba
por título esta música enigmática, a punto de revelarse como inquietud común
bajo el susurro de las conversaciones previas
al hecho teatral.
En el escenario, la inmensa verticalidad de un muro era ilustrada por
mensajes transcritos de forma instantánea que, de igual modo, desaparecían; por
proyecciones múltiples y cambiantes; reflejos ilusorios de una realidad
envuelta en llamas, ajena a la caverna desde donde contemplábamos inmóviles y
mudos, en espera del acontecer menos cotidiano, el que provoca asombro. Estrechas
grietas de escape, si se curase el olvido, ubicado lo humano en la infernal
tecnología: arquetipos y consignas.
Primero la presencia, apenas advertida, de un ser pensante recluido en sí
mismo; de inmediato la palabra como un torrente que no cesa. Que no cesa.
Hubiera necesitado releer previamente a Goethe, o la versión del texto
utilizada, para asimilar la densidad del pensamiento vertido sin pausa por boca
de los actores. No hice lo primero, ya que lo segundo era imposible; error mío.
Desde la ignorancia, no se puede pretender abarcar lo compilado por el
ejercicio de un sabio. La genialidad de Goethe, su transcendencia, ha de
traducirse de modo indispensable en algo complejo, a no ser que se labore para
agradar con simplezas. El arte no debería dedicarse a eso, a fomentar el estado
catatónico de muchos o facilitar digestiones intelectuales, solamente. El
ejercicio del pensamiento impone una hondura y una amplitud intrínsecas, como
herramienta para la clarividencia. Teatro y filosofía siempre han ido de la
mano; pero esta última disciplina, de indagación conceptual, tiene por
costumbre ir en avanzadilla, va dejando atrás lo expresado, lo plasmado, lo
aparentemente asido; y se inmiscuye, incluso, en el campo de las probabilidades;
de las ecuaciones sin resultado, de la ciencia.
Porque ¿qué es la vida sino eso, una ecuación irresoluta por los siglos
de los siglos? ¿Qué sería del ser humano si conociese de antemano las
respuestas? Tan solo quedaría ceniza, dunas negras donde revolcarse como
penitencia, columnas serpenteantes de aromático incienso para adormecerse en lo
eterno. Esa es la base de todo, el terreno que pisamos, el limbo en el que
flotamos.
Mientras tanto, la representación continuaba. En la perplejidad del trato
con los semejantes, lo grotesco divinizado daba paso al resto de los habitantes
del circo. Mefistófeles emparedado seducía la opacidad de los contornos con un
pacto sangriento.
Pandur iniciaba así el ritual desenfrenado de los sentidos: La promiscuidad
de la esperanza; cuando el amor es una doncella ebria, mancillada por muchos.
La potencia visual del sacrificio compartida compulsivamente, hasta la
saciedad, hasta el vómito. El festejo del dolor como elixir que
transporta, que eleva del vacío. Lamentos
armónicos, ecos sublimes de cada pérdida.
Cayó el muro hasta su vértice más lejano, transformándose en una nave que
surcaba las maravillas del mundo. Fausto triunfante inició el viaje sin retorno.
Es entonces que sobrevino la magnitud de lo estético, cristalizándose, cuando
todo se ha cumplido y ya no hay tiempo.
“Ahora sí puedo decir: ¡detente, instante, eres tan bello!”
Me interesa este director. Iré parapetada de lecturas en una próxima
ocasión, de reflexiones y de experiencias. Será más vieja. Es un compromiso,
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sábado, enero 10, 2015
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Bruno Muñoz Serrano,
1986, Extremadura, Badajoz.
Arquitecto en "curso". ESAYT, UCJC Madrid
bio_
Nunca logré entender cómo, pese a mi gran sentido de la responsabilidad, los conocimientos que se supone se deberían adquirir en clase se diluían al llevarlos a la práctica. Las mañanas pasaba como un filo de luz parpadenate a ritmo de campanas que indicaban la secuencia de clases y, una vez solo en mi habitación, me resultaba imposible recordar nada que me sirviera para asimilar el contenido de años y años de apuntes.
"volumen y movimiento en arquitectura" boli de muji sobre papel
Con el paso del tiempo y tras formarme en el campo más técnico de la arquitectura, descubrí a Lebbeus Woods, a Duchamp, a Bacon, a Turner y con ellos otras manera diferentes de entender y ver el mundo. Descubrí los bolis de Muji y kilómetros de margenes de mis libros y apuntes dibujados y garabateados que definían ese filo de luz parpadeante a ritmo de campanas que ahora logro entender.
Render de PATIO DE LUCES, Proyecto para un espacio-taller adaptado en un patio de manzanas de Cuatro Caminos.
A partir de aquí he trabajado en diferentes estudios de museografía y arquitectura donde comprendí la importancia de la convivencia entre la técnica y la práctica, y de como el arte se sustenta en unos conocimientos que no tienen que anteponerse a la abstracción sino solo eso, convivir.
Render de PATIO DE LUCES, Proyecto para un espacio-taller adaptado en un patio de manzanas de Cuatro Caminos.
En una familia de actores, con el teatro y el cine siempre presentes, me involucré en el mundo de la cartelería y la composición gráfica, diseñando pósters para diferentes obras de varias compañías, intentando mantener un lenguaje conceptual en la onda de Pep Carrió o Pablo Amargo.
Cartel para "Límites" de PanYvino Producciones, 2014.
Cartel para la obra ¡Ay, Carmela! de CARAMBA TEATRO, 2012.
Bruno Muñoz Serrano, es posiblemente una de las personas más talentosas que he conocido jamás. De los márgenes de mil cuadernos, al lado de lo que se supone "importante", surgen en él imágenes llenas de trazos imprevisibles. Como el artesano silencioso en su taller, Bruno crea en secreto sin contárselo a casi nadie.
Gracias Bruno por trabajar con LA CONOCIDA Producciones, esperamos que nuestra relación esté llena de imágenes geniales.
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lunes, diciembre 29, 2014
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"FUSIÓN"
Término del siglo XXI. Sin duda.
Canciones de música negra fusionadas con bases techno. Hijos de un país de
padres de diferentes continentes. Restaurantes que fusionan sus cocinas
queriendo dar sushi de primero y un entrecot de Ávila de segundo. Todo mucho
más moderno, todo mucho más entrelazado. Todo mucho más... Cercano.
Tan cercano que puedes llegar a sentirte
marioneta de dicho teatrillo. Sin ir más lejos, la semana pasada me sentí Doña
Rogelia a las ocho de la mañana. La culpa fue del chiringuito de cafés en el
que paro cada mañana antes de entrar a trabajar. Que por cierto, chiringuito es
una palabra que admiro. Solo ella ya me da sensación de cercanía, guasa y buen
rollo. Pues dicho chiringuito amanecía con un cartel así:
"Desayunos
gourmet low cost"
A eso es a lo que le llamo yo, auténtica
supervivencia de la creatividad en el mundo actual. Comercializamos una frase
fusionada con tres idiomas. Tres idiomas para tres tipologias de
personas:
"Desayunos" para los
románticos que saben de la importancia de la primera comida del día.
"Gourmet" para los estirados
de turno que necesitan de palabras así para hacer cola por un café.
Y "low cost" para aquellos
que... Para todos... Que la vida está muy cara...
Este es el clásico ejemplo de que te dan la mano y coges el brazo. Es decir...
¿Me vais a poner un croissant casero
recalentado y un café deaguachirri,
eso sí, perfectamente presentado en una taza de diseño?
¿O acaso, me vas a poner lo mismo de
todos los santos días a un precio más bajo, entendiendo así que me has estado
atracando a mano armada este último año?
Necesito una explicación. Necesitamos una
explicación.
Porque al final, no hay nada como que se
cree una tendencia para que los empresarios y dueños de este país, se acojan a
dicho lema sin argumento alguno.
"La fusión somos todos"
Así es como consigues tener en un
restaurante a una recepcionista que cuando cuelga el teléfono, se le pide que
cobre al cliente de la mesa 24 y de paso baje los abrigos de la 32 al ropero,
porque el del guardarropa está cambiando una bombilla en el almacén de bebidas.
Es una manera de perder las
especialidades. Especialidades laborales, culinarias o artísticas. Cuantas más
funciones puedas desempeñar durante tu jornada laboral sin que éstas estén en
tus honorarios, mejor.
Es lo que se le llama elcoste de oportunidad.Sí, sí. Lo que pagaría por un
electricista y un camarero, todo en un sueldo. Muy disimuladamente fusionado y
rateado. O prorrateado que queda más empresarial.
Quizás deberíamos seguir el ejemplo de
Antonio Recio.
"Soy mayorista, no limpio
pescado"
Muy bien. O se es mayorista o se limpia
pescado.
El mundo audiovisual. Otro rincón al que
la fusión ha desembarcado cualDía
de Normandia.
-Oye... ¿Y qué género es la última
película de Inma Cuesta?
-Pues es un drama, con pinceladas de
comedia y un guiño al suspense.
-¿Y no tiene un poquito de terror también?
Y así hemos llegado a la fantásticaDramedia. Drama y comedia. ¿Vamos a reír y
vamos a llorar? ¿O vamos a llorar de la risa? ¿O incluso reír de la pena?
No se sabe, pero algo vamos a hacer.
Vamos, para mear y no echar gota. Bueno
no. Voy a dejar los tópicos a un lado. Es para mear y salpicar todo fuera de la
taza... Bueno, tampoco... Que lo mismo el equipo de la limpieza está
secuestrado por el chef pelando patatas.
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jueves, diciembre 25, 2014
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Este joven se llama Antonio Garrigues Walker, o eso dice Google:
Por si algún lector no le conociese, paso a detallar su currículum*:
*Plagiado sin miramientos de la página web del despacho de abogados Garrigues
Antonio Garrigues Walker, es jurista español y presidente de honor del despacho de abogados Garrigues. En 1954 pasó a formar parte de la firma Garrigues fundada por su padre, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, y su tío, Joaquín Garrigues Díaz-Cañabate. Ostentó el cargo de presidente del despacho desde 1961, cuando contaba con 27 años, hasta el 30 de septiembre de 2014. Además preside la Fundación Garrigues y la Cátedra Garrigues de Derecho Global de la Universidad de Navarra. Es un reconocido jurista en el ámbito internacional. Destaca su labor como experto legal en inversiones extranjeras en España. Ha asesorado a grandes multinacionales, así como al Gobierno español en materia de legislación económica, especialmente en el campo de las inversiones extranjeras. También presta su asesoramiento y conocimiento jurídico a gobiernos, como el de Estados Unidos y Japón, en sus relaciones con España. Por ello, es Patrono de Honor de las Fundaciones Consejo España-Estados Unidos, Japón, China y Australia y Patrono de la Fundación España-India. Su preocupación por el fenómeno de la globalización, le llevó a ser pionero en la cooperación con bufetes internacionales siendo, por ejemplo, presidente de la Asociación Mundial de Abogados. Es miembro del grupo español de la Comisión Trilateral.
Junto a su labor como jurista, siempre ha mantenido una intensa actividad en la vida social, empresarial y cultural del país. Así se reflejó en su paso por la política. En 1982 creó el Partido Demócrata Liberal (PDL), del que fue elegido presidente. Esta formación política se integraría en 1984 en el Partido Reformista Democrático, una operación impulsada junto con Miquel Roca para tratar de ocupar el espacio político de centro.
Antonio Garrigues ha sido nombrado Abogado Mundial por el Centro de la Paz a través del Derecho y patrono vitalicio de la Fundación José Ortega y Gasset.
Fue el asesor especial del alto Comisionado de Naciones Unidas para refugiados (ACNUR) y actualmente es Presidente de Honor de España con ACNUR. Fue elegido miembro del Comité Nacional de Acreditación de ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación). Además es el fundador del Capítulo Español de Transparencia Internacional (TI), organismo para la lucha contra la corrupción.
Antonio Garrigues es presidente y consejero de diferentes empresas y Doctor Honoris Causa de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires (Argentina), por la Universidad Europea de Madrid, por la Universidad Ramon Llull de Barcelona y por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.
Es ponente habitual en seminarios y conferencias del despacho y de diversos centros especializados y asociaciones. Interviene como conferenciante y moderador en un gran número de seminarios y reuniones celebrados tanto en España como en el extranjero. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bien, ahora que saben que es una persona muy importante, voy a contarles que lo mejor de todo es que AMA EL TEATRO. Sí, así como lo oyen. Lleva años escribiendo textos teatrales, representándolos, acudiendo al teatro, leyendo... (Y no me negarán que eso es posiblemente lo más interesante de todo cuanto han leído hasta el momento).Cuando yo le conocí en el Teatro Rojas del Círculo de Bellas Artes, mientras ensayaba su obra "El Silencio y la Belleza", solo sabía dos cosas de él: que era una persona importante, porque a todo el mundo se le ponía cara de importancia cuando mencionaba su nombre y que mi abuela Sabina le había votado. La sorpresa vino después, en cuanto hablé con él pronto me olvidé del jurista importantérrimo y descubrí a un ser al que todo aquello ilusionaba casi tanto como a mí. Desde ese día me encuentro a un dramaturgo genial con decenas de trabajos a sus espaldas, defensor de lo profesional y lo amateur, lector feroz y abierto espectador, y sobre todo a un amigo inesperado al que no me cansaré de decirle: Gracias.
Carlos Rodríguez Braun, Lupe Barrado, Elena Herrero Beaumont, Sara Núñez de Arenas, Antonio Garrigues y Johnny Aranguren, 2012
SARA NÚÑEZ DE ARENAS- Dices en tu obra “El pasado que empieza” que un hombre es lo que no ha tenido otro remedio de ser. ¿Estás de acuerdo con el autor?
ANTONIO GARRIGUES WALKER- Muy de acuerdo pero también puedo discrepar radicalmente. Depende de muchas cosas.
SNDA- Vale, lo sabemos has hecho más de lo que muchos hombres extraordinarios consideran extraordinario, pero ahora ¿Qué es lo que más te apetece hacer?
AGW- No he hecho nada extraordinario –y no es falsa humildad- pero lo voy a seguir intentando. Tengo aún muchos días por delante para acometer algún proyecto que merezca realmente la pena. Como dicen los ingleses “lleva tiempo ser joven”. A mis 80 años entiendo bien la frase.
SNDA- ¿Qué entiendes por teatro amateur? Es decir, qué consideras que hace a algo “profesional” ¿Quizá vivir de tu trabajo? Marcel Duchamp o Van Gogh jamás lo hicieron.
AGW- Para mi ser profesional en algo es dedicarle todos tus talentos y capacidades, y eso se aplica al teatro aunque también aquí la dedicación no tiene porqué ser exclusiva y total. Duchamp, Van Gogh y otros muchos –entre ellos Kafka- no pudieron dedicar todo su tiempo a su auténtica vocación por distintas razones, pero su obsesión creadora y artística no les abandonó en ningún momento. Ahí está la clave.
SNDA- En tu última obra reflexionas sobre el mérito y la culpa. Hablas de ellas como las dos caras de una misma moneda. ¿El mérito y la culpa están hechas del mismo material?
AGW- Así lo pienso. Y lo que he descubierto a través de un largo proceso es que siempre tenemos menos méritos de lo que pensamos y muchísimas más culpas. Hay excepciones también en este tema pero muy escasas.
SNDA- ¿Qué encuentra D. Antonio Garrigues Walker en el teatro, que no encuentra en otro lugar?
AGW- Romper la unidimensionalidad con algo que me interesa, me ocupa, me divierte y, de paso me compromete, lo cual me viene muy bien para corregir las permanentes inclinaciones a adocenarse.
Elena Herrero Beumont y Antonio Garrigues en el escenario del Teatro Rojas de el CBBAA , 2012
SNDA- ¿De qué forma has vivido tu vida artística?
AGW- Sin poder dedicarle ni el tiempo no la atención necesaria, pero viendo y escribiendo mucho teatro, bastante poesía, y dibujando sin parar. He publicado ya un libro de dibujos y estoy preparando otro.
SNDA- ¿Qué es lo mejor y lo peor de la manera de entender la cultura y el teatro en este momento en España?
AGW- Yo lo veo en general de manera positiva. Hay un gran apetito cultural y en concreto teatral. Lo peor sin duda es el abrumador IVA, que es una manifestación del desprecio existente a la vida cultural. Pero se acabará arreglando. Seguiremos el ejemplo de otros países civilizados.
SNDA- ¿El arte puede ser un negocio?
AGW- Claro que sí. Unas artes suelen ser más rentables que otras. La pintura está entre las primeras, el teatro y la música entre las menos rentables. Ningún arte llegará nunca al nivel de los negocios “clásicos” pero es bueno que se tenga en cuenta y se valore, sin sacralizarlo, el aspecto económico. No hay más remedio.
SNDA- ¿Qué obra te hubiera gustado escribir y por qué?
AGW- "Romeo y Julieta". No hay nada como los amores trágicos. Y si eso no fuera posible elegiría "Esperando a Godot” porque refleja con un realismo romántico, todas las ansias estériles del ser humano.
SNDA- ¿Se puede crear desde la zona de confort?
AGW- Sí pero en general la creatividad poderosa y transformadora está fuera de esa zona.
Johnny Aranguren, Lupe Barrado, Elena Herrero Beaumont, Nuria Espert, Gloria, Sara Núñez de Arenas y Antonio Garrigues Walker trás la representación de "El pasado que empieza" en 2014.
SNDA- ¿Quién debe asumir la responsabilidad de preservar la cultura? ¿Por qué es importante?
AGW- En una parte esencial y decisiva tendrá que responsabilizarse la sociedad civil que deberá denunciar las presiones fiscales, políticas, ideológicas o de cualquier otro género sobre la vida cultural. La cultura es la única riqueza que merece la pena aumentar sin límite y sin duda la más rentable y gratificadora.
SNDA- ¿En qué te ayuda el Teatro? ¿Quiénes son tus maestros?
AGW- En mejorar mi sensibilidad y mi capacidad emocional. Tengo muchos, demasiados, maestros, pero me han influenciado sobre todo Kafka, Ionesco, Camus y en general los nihilistas y el teatro del absurdo. Y en cuanto al mundo clásico Shakespeare y Chéjov. Mi admiración por Chéjov crece sin cesar.
SNDA- ¿Dónde escribes? ¿A qué horas?
AGW- Generalmente en los viajes largos de avión pero dedico muchos fines de semana a pensar en la idea básica y a comenzar a escribir. Rompo cientos o miles de hojas antes de quedarme contento con la primera página. Pero a partir de ahí suelo ir rápido.
Ensayo general de "El Silencio y la Belleza" de Antonio Garrigues Walker, Teatro Rojas, CBBAA, Madrid, 2012.
SNDA- ¿Qué es para ti ser consecuente? (artísticamente)
AGW- No lo sé. Me desconcierta la pregunta. ¿Se puede ser consecuente artísticamente? Lo voy a pensar con calma y te digo.
SNDA- Por último, las palabras que tú quieras decir en este espacio, ¡eres libre!
AGW- Me han gustado las preguntas y me ha gustado responderlas. Me las formula además una persona que vive consecuentemente, sacrificadamente y apasionadamente el teatro. ¡Es un gozo de persona!
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lunes, diciembre 22, 2014
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La Conocida
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El invierno ha llegado, dicen que
mañana hará mucho frío. He comido junto al teatro Valle Inclán, a las cinco de
la tarde. Siempre a contratiempo. Las raciones servidas son tamaño y precio
estándar, mucha cantidad para una sola persona. Solicito que me empaqueten lo
que me ha sobrado. De camino a Lavapiés, había observado los bultos de los
mendigos arrinconados contra los edificios: uno de mediana edad contra la
cafetería del Reina Sofía, dos en un soportal, muy jóvenes. Desando lo andado
para calmar mi conciencia y comparto lo que soy incapaz de comer al menos de
una sola sentada...
Somos tremendos: no sé quéreacción en cadena esperaba de un gesto tan
lógico y sencillo, pero mi ánimo quedó descolocado. Demasiados vídeos melodramáticos en Internet.
En fin.
Esta tarde la soledad es menos
llevadera, vete tú a saber por qué, quizá por alguna cuestión sin resolver
entre amigos. ¡Cuánto pesa el amor! Por mucho que disimule el mundo, dependemos
unos de otros. Porque estamos solos: el individuo y sus congéneres, inmersos
todos en la madre naturaleza, que nos engulle como un monstruo, imbuidos en el
plan matemático del universo. Formamos parte de una ecuación sin resolver, pero
para eso tenemos la imaginación, para buscar resultados.
Entramos a menos veinte. La sala es
pequeña, una caja negra en la que apenas se distinguen las dimensiones
diferenciadas de escenario y patio de butacas. Esto aporta intimidad, cierto
sosiego. La escenografía, sin embargo, resuelta en una estantería de madera
repleta de enseres, pareciera un muro a punto de venírsenos encima y
sepultarnos; muchos bultos grises en los estantes, semejantes a lo acumulado
por los mendigos, a los atillos de sus pertenencias. Hay otra estantería detrás
de esta. En el medio, un espacio que sirve de pasillo. Una puerta cerrada, una
contraventana, una escalera. A la derecha del público, en segundo término, una
mesa; sobre ella, una vela encendida. A la izquierda, una tapa redonda enorme
sobre el suelo, en primer término. Tengo esta perspectiva desde la última fila,
en el centro. Detrás de mí, otro muro negro. En contraste, espero a Blanca. La
distancia es pertinente; si se acerca al proscenio, podré ver sus ojos.
Se inicia el espectáculo con la
rápida entrada de María, el personaje; mirando directamente a público, apaga la
vela y oscuro. ¡Qué actriz! Sus ojos me atravesaron; no es relevante medir el
espacio entre la Portillo y su público.
Vuelve a aparecer ya sentada, para
relatarnos su historia, la versión incómoda,
a la que nadie presta oído. Blanca va enlutada: sobresalen de los negros
ropajes su rostro, sus pies y sus manos. Hay tanta expresividad en cada uno de
sus gestos... Su voz cambia de registro con soltura, como poseída por ánimas
diversas que se relacionan con ella en distintas circunstancias; a veces
inmovilizándola, otras descomponiendo su imagen y trasformándola.
Y se reencarna en María, una mujer de
carácter, enérgica, ruda; cuya fuente de dulzura se extinguió hace ya tiempo.
Cuando le arrebataron al hijo, se perdió la madre. Es un ser humano, ni rastro
sagrado de la virgen. Entonces puede hablarnos de tú a tú, sin cortapisas. Nunca
soportó el entorno de su hijo, a sus seguidores; ni entendió una sola palabra
de sus consignas. Dejó partir al joven que era su niño y se encontró con aquel
hombre extraño, extremo, que no la reconocía,
que renegaba de ella. No permite que ninguneen a su marido muerto. “El hijo de
Dios”- ¿Cómo es posible? ¡Qué palabras enormes, inmensas, ajenas a aquel cuerpo
que ella acunó y alimentó! ¡Qué inventos de la gente, qué fanatismo!
¡Devoradores de milagros! Resurrecciones y transformaciones que ella no ha
visto. Siempre al margen, temiendo por ella misma, por todos ellos, por su
hijo.
Los mismos que la abastecen ahora,
que la protegen; le quitaron todo entonces y la mantienen aislada, atormentada.
La soledad es buen caldo de cultivo para
dudas y reproches, para que se enrede la culpa en los recuerdos y crezca, como
una mala hierba. No existe la paz en sus entrañas, en su útero vacío. María
rebusca entre la sangre derramada un posible consuelo y no lo encuentra. El
miedo la detuvo, cuando pudo salvarse; si la salvación fuese la muerte, como predicaba
su hijo. Ni ella misma entiende cómo pudo soportar la crucifixión, estando
presente. Y es que la vida se amarra fuerte a sus criaturas para fustigar sus
instintos. En el proscenio, Blanca Portillo abierta de par en par, adelantado
el pecho, al descubierto; atravesadas
las manos de aquellos imaginarios clavos desproporcionados. Hay cuestiones,
detalles que fustigan su memoria: los que comían, los que jugaban a los dados,
las cruces cayendo a tierra, el ave rapaz que devora a los conejos; allí mismo,
junto a su hijo agonizante. Nadie parece percatarse de lo alucinante de estos hechos,
de estos detalles preñados de irrealidad, de pesadilla. Y es que María guarda
un saber que quizá heredó de Artemisa, diosa a la que venera.
Tan solo en sueños pudo sumergirse y
rescatar al ahogado, acariciar la túnica blanca, mecer su recuerdo. El agua,
pozo silente o manantial de música oculta, que todo lo aclara, que limpia y
purifica. El pozo, sepulcro oscuro o fuente de agua cristalina. María lavándose
en enaguas blancas, María abrazada a la humedad luminosa de la túnica. Todo
acabó, aunque permanezca.
Blanca, se despide de nosotros
anhelando la paz y la armonía de los viejos tiempos, la bondad de las
costumbres. María, luto por fuera, Blanca por dentro. ¡Qué simbiosis más
hermosa y perfecta!
Abandono el teatro. Llamo a mi amor,
leo el mensaje deseado. Todo está tranquilo. Aparentemente. Impregnado el aire
de buenos deseos.
Háganse realidad; los más necesarios,
al menos. Así sea,
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lunes, diciembre 15, 2014
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La Conocida
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En Teatro Guindalera, si llegas un
día lluvioso de otoño con bastante antelación con respecto al inicio de la
función, son tan amables que te recomiendan un lugar cercano que consiga hacer
más grata la espera. La biblioteca pública de la calle Azcona, por lo visto, una
de las más amplias de Madrid, cumplió su cometido. Ningún ejemplar de William
Luce en la sección de teatro; era de esperar. Esta vez no conocía el texto que
se iba a representar, aunque sí a la escritora a la que se pretendía devolver a
la vida: Emily Dickinson. “Conocer” es una concepto equívoco en depende qué
contexto; en realidad, he leído alguno de sus
poemas y curioseado en los misterios de su biografía. El personaje real
es ya bastante interesante: reclusión voluntaria en su hogar, posible
enfermedad (epilepsia), obra prolija que permaneció inédita hasta después de su
muerte... En la actualidad es reconocida como una de las poetisas más
importantes de América.
Cuando recogí mi entrada pregunté:
-“¿Qué me recomiendas para conseguir un buen sitio? ¿A qué hora vuelvo?” -“No hay
problema”- me contestaron -“Nos falta por vender un tercio del aforo” Sentí de
veras que fuera así, pero eso no me aseguraba un lugar privilegiado. Nada se
interpondría entre María Pastor y yo; improvisé lo necesario para conseguir
sentarme en primera fila a disfrutar del espectáculo.
Juan Pastor había hecho uso de su
barita mágica y, en el escenario, permanecían suspendidas en el aire dos sillas
giradas y a distinta altura. Algunos muebles aparecían volcados en el suelo,
como si los hubiera empujado a esa posición una fuerza centrípeta, imagen
congelada de lo que agita en su seno el ojo de un huracán mientras se reproduce.
Me satisfizo acertar en las
predicciones, pues la obra se inició con el sonido lejano del vendaval, que
balanceó levemente las sillas colgantes y el extremo de la insinuada vegetación.
Esa voz atemporal resucitó a nuestra protagonista: la maga blanca, la que con
un chasquido de los dedos consiguió atravesar la cuarta pared y conversar
directamente con el público, seres del futuro, para después regresar a sus
encuentros y desencuentros con personajes fantasma, criaturas del recuerdo. Con
la ayuda de su prodigiosa memoria, enderezando un mueble o sentándose con
cierta disposición en un sillón, fue capaz de dibujarnos de tal modo a los
ausentes, que pudimos imaginarlos allí,
interactuando con ella; hasta al gato de su hermana que le deshacía las
madejas. Saltó Emily adelante y atrás, de acontecimiento en acontecimiento, con
la agilidad de lo incorpóreo, con la levedad de una pluma mecida por la brisa.
Y, de súbito, un poema, un nido de palabras que ahondó en la cadencia del texto
al completo, elogio del canto.
La poetisa, se ocupó ante nuestra
plácida mirada de los pájaros, las fuentes, el huerto; y, a media noche, de las
palabras, su pasión y su credo. Contó para la representación de su vida con
cómplices suficientes: con sus padres y sus hermanos, con alguna amistad; un
gran amor platónico, el que nos mencionó como Maestro. Su mundo, feliz y pleno
a nuestros ojos. Tan solo una nostalgia presenciamos, la imposibilidad de
publicar, la búsqueda de lectores más allá de su entorno. Al principio de la
obra nos dio a probar una de sus tartas; al final, fue íntegra su entrega a
través del baúl que contenía su mayor tesoro, miles de versos.
En medio de todo, el misterio. Algo
inconfesable, del otro lado, que impregnó la atmósfera de la sala, que bailó en
las pupilas de la actriz reflejándose de forma inmediata en las nuestras, dilatadas
por la atención hipnótica. Permanecimos conectados a lo esencial como por
encanto, sonreímos con ella y le enjugamos esa tímida lágrima, fruto de una
pérdida. Pero no hubo ningún drama, nada que nos apartara del gozo de la creación,
ningún dolor que emponzoñase ese placer de escuchar atentamente a Emily
pronunciar una palabra llenando toda la boca de musicalidad cargada de sentido,
de significados nunca tan precisos, pues que se alzan las palabras, se
arremolinan y vuelan, trascienden, se las lleva el viento a otros oídos, a
otros labios.
La tragedia, si la hubiera, es el
agotamiento de la vida, que no el final, pues legamos siempre nuestro ejemplo;
pues siempre se pueden recoger del suelo los muebles, enderezarlos, ponerlos en
su lugar para que recuperen su utilidad y resulten de nuevo confortables y
cálidos.
Es este un trabajo artístico cargado
de esperanza, la misma que enarbolan los que conforman el equipo de teatro
Guindalera, héroes contra el vendaval de la sinrazón que parece pretender
arrasarlo todo. Ellos permanecen en pie y regresan cada día con una sonrisa al
punto de encuentro. Emulemos su coraje y no faltemos a la cita.
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viernes, diciembre 12, 2014
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La Conocida
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Es esta una de esas obras que hay que
dejar reposar, después de que acontecen en la retina, en los oídos, a nuestra
izquierda, nuestra derecha y nuestra espalda, en las alturas, a nuestros pies...
Fuimos rodeados por la violenta fabulación, envueltos en una luz mortecina y
cambiante, una vez que el Umbral de la Primavera hubo echado el cierre.
Es un buen principio este: no hay mejor telón de boca para una función que nos quisiera encerrar en Puerto Urraco el mismo día de los atroces acontecimientos. El espacio escénico, tiene una estructura interesante, con multitud de recovecos que varían la perspectiva, como escenografía que aprovechara un paisaje autóctono. Incluso el suelo empedrado es apropiado. Los expectantes, nos hallamos sentados formando una elipse, pudiéndonos observar unos a otros, en reunión de vecinos de los de antes, a la puerta de la casa de cada cual... No se busca otra cosa que nuestra incomodidad, creo yo, hacernos partícipes sin nuestro consentimiento.
La espera en estas condiciones
produce intranquilidad y cierto deseo morboso de que suceda lo que tenga que
suceder. Permanecemos en silencio o cuchicheando alguna cosa sobre los iconos
religiosos, sobre la cantidad de velas, no sé si alguno distraído aún con su
propia vida... Yo no, desde luego, no me cuesta nada entrar y aquí me habían
introducido, creía yo, directamente en la habitación del fondo.
No era así, sin embargo, de lo más
profundo de la cueva surge el clan de los matarifes con toda su idiosincrasia,
como ‘garrulos’ que son: su empeño en apelmazarse en una venganza acérrima, su
cejijunto entender de los motivos que los mueven; su pánico a no encarnar lo
que se espera de ellos, lo que imaginan y urden unos de otros sobre los deberes
en las ofensas, sobre la limpieza imposible de las máculas sangrientas.
“Garrulos” ese es el título de la
obra de Jorge Moreno. ¿Y donde están los ángeles? El elenco es adecuado a
los personajes. Pero no serán estos a los que encarnan, en todo caso la estela
de su ignorancia. Mancillados desde niños por abusos y vejaciones que se
adivinan, sobre todo las hembras; confundidos los machos en aberrantes
disposiciones supuestamente propias de su sexo, cegados por lo incomprensible,
hipnotizados por lo ajeno. No se usan plumas, ni colorantes, ni edulcorantes;
en todo caso el opio adormecedor del rezo y los lamentos que no conduce a más
que a las enfermizas obsesiones. Las tradiciones no son ningún bálsamo sanador,
en estos casos, antes bien imposiciones, camisas de fuerza que a duras penas
contuvieron nunca el arranque de la locura. Almas en pena parecen los actores
deambulando en nuestro entorno, hermanados en el horror de lo sin remedio,
condenados a reiterar perpetuamente sus dudas, su desazón, sus maquinaciones.
Una y otra vez tienen que apretar el gatillo, y rematar si no hubo acierto.
Nuevamente odiar y urdir la venganza, vengarse y sufrir el castigo, justificar
tanta matanza. Ellos, la familia, se consideran capaces, pues lo han sido
durante siglos, (‘héroes’ o ‘mártires’ sería imposible en este caso, por puro desconocimiento).
De pronto, caigo en la cuenta:
estamos en el infierno, la guitarra eléctrica ya nos advertía con sus estremecedores
aullidos metálicos; estamos en lo más hondo, entre las llamas que nos consumen.
¿Por qué sonreímos, entonces? ¿Cómo puede ser que nos quepa este humor ácido? Cierta
distancia se reproduce que nos permite planteamientos más allá de la tragedia,
a años luz del sentimentalismo. No es este un teatro de las emociones, sino de
sensaciones y reflexiones, de cadencias lorquianas que nos acechan y nos invaden,
de hechos que, por su rotunda corroboración en los anales de la historia, la
que transciende y la cotidiana, nos sacuden desde los cimientos.
¿Cómo acaba? Nunca, ya lo he dicho:
lo que pudo ser, está siendo ahora y es susceptible de repetirse en cualquier
lugar, en cualquier momento, yendo y viniendo en el tiempo. El hombre es un
lobo para el hombre. Es nuestra condición.
Pero escapemos de aquí. ¡Qué alivio
que nos liberen a este espejismo diario de vivir ajenos a las matanzas que proliferan
por el mundo!... ¡La desfachatez de los bobos, de los infelices! ¡No estamos a
salvo, sino condenados, hermanados en la venganza o apilados como víctimas; somos
culpables todos de lo propio y de lo ajeno por los siglos de los siglos!
Si hablara con reservas y de otros,
firmaría ‘Amén’, por temor al reconocimiento y sus represalias; como hablo con franqueza de “Teatro Hermético”, de
buenos actores de trabajo impecable, de los cuales a algunos conozco desde los
tiempos de escuela, firmaré con mi nombre y mi pseudónimo. Hasta otra,