lunes, 22 de diciembre de 2014

LAS CRÓNICAS DE MJ - EL TESTAMENTO DE MARÍA Colm Tóibín / Agustí Villaronga

El invierno ha llegado, dicen que mañana hará mucho frío. He comido junto al teatro Valle Inclán, a las cinco de la tarde. Siempre a contratiempo. Las raciones servidas son tamaño y precio estándar, mucha cantidad para una sola persona. Solicito que me empaqueten lo que me ha sobrado. De camino a Lavapiés, había observado los bultos de los mendigos arrinconados contra los edificios: uno de mediana edad contra la cafetería del Reina Sofía, dos en un soportal, muy jóvenes. Desando lo andado para calmar mi conciencia y comparto lo que soy incapaz de comer al menos de una sola sentada...
Somos tremendos: no sé qué  reacción en cadena esperaba de un gesto tan lógico y sencillo, pero mi ánimo quedó descolocado.  Demasiados vídeos melodramáticos en Internet. En fin.




Esta tarde la soledad es menos llevadera, vete tú a saber por qué, quizá por alguna cuestión sin resolver entre amigos. ¡Cuánto pesa el amor! Por mucho que disimule el mundo, dependemos unos de otros. Porque estamos solos: el individuo y sus congéneres, inmersos todos en la madre naturaleza, que nos engulle como un monstruo, imbuidos en el plan matemático del universo. Formamos parte de una ecuación sin resolver, pero para eso tenemos la imaginación, para buscar resultados.




Entramos a menos veinte. La sala es pequeña, una caja negra en la que apenas se distinguen las dimensiones diferenciadas de escenario y patio de butacas. Esto aporta intimidad, cierto sosiego. La escenografía, sin embargo, resuelta en una estantería de madera repleta de enseres, pareciera un muro a punto de venírsenos encima y sepultarnos; muchos bultos grises en los estantes, semejantes a lo acumulado por los mendigos, a los atillos de sus pertenencias. Hay otra estantería detrás de esta. En el medio, un espacio que sirve de pasillo. Una puerta cerrada, una contraventana, una escalera. A la derecha del público, en segundo término, una mesa; sobre ella, una vela encendida. A la izquierda, una tapa redonda enorme sobre el suelo, en primer término. Tengo esta perspectiva desde la última fila, en el centro. Detrás de mí, otro muro negro. En contraste, espero a Blanca. La distancia es pertinente; si se acerca al proscenio, podré ver sus ojos.




Se inicia el espectáculo con la rápida entrada de María, el personaje; mirando directamente a público, apaga la vela y oscuro. ¡Qué actriz! Sus ojos me atravesaron; no es relevante medir el espacio entre la Portillo y su público.
Vuelve a aparecer ya sentada, para relatarnos su historia, la versión incómoda,  a la que nadie presta oído. Blanca va enlutada: sobresalen de los negros ropajes su rostro, sus pies y sus manos. Hay tanta expresividad en cada uno de sus gestos... Su voz cambia de registro con soltura, como poseída por ánimas diversas que se relacionan con ella en distintas circunstancias; a veces inmovilizándola, otras descomponiendo su imagen y trasformándola.

Y se reencarna en María, una mujer de carácter, enérgica, ruda; cuya fuente de dulzura se extinguió hace ya tiempo. Cuando le arrebataron al hijo, se perdió la madre. Es un ser humano, ni rastro sagrado de la virgen. Entonces puede hablarnos de tú a tú, sin cortapisas. Nunca soportó el entorno de su hijo, a sus seguidores; ni entendió una sola palabra de sus consignas. Dejó partir al joven que era su niño y se encontró con aquel hombre extraño, extremo,  que no la reconocía, que renegaba de ella. No permite que ninguneen a su marido muerto. “El hijo de Dios”- ¿Cómo es posible? ¡Qué palabras enormes, inmensas, ajenas a aquel cuerpo que ella acunó y alimentó! ¡Qué inventos de la gente, qué fanatismo! ¡Devoradores de milagros! Resurrecciones y transformaciones que ella no ha visto. Siempre al margen, temiendo por ella misma, por todos ellos, por su hijo.


 

Los mismos que la abastecen ahora, que la protegen; le quitaron todo entonces y la mantienen aislada, atormentada. La soledad es  buen caldo de cultivo para dudas y reproches, para que se enrede la culpa en los recuerdos y crezca, como una mala hierba. No existe la paz en sus entrañas, en su útero vacío. María rebusca entre la sangre derramada un posible consuelo y no lo encuentra. El miedo la detuvo, cuando pudo salvarse; si la salvación fuese la muerte, como predicaba su hijo. Ni ella misma entiende cómo pudo soportar la crucifixión, estando presente. Y es que la vida se amarra fuerte a sus criaturas para fustigar sus instintos. En el proscenio, Blanca Portillo abierta de par en par, adelantado el pecho, al descubierto;  atravesadas las manos de aquellos imaginarios clavos desproporcionados. Hay cuestiones, detalles que fustigan su memoria: los que comían, los que jugaban a los dados, las cruces cayendo a tierra, el ave rapaz que devora a los conejos; allí mismo, junto a su hijo agonizante. Nadie parece percatarse de lo alucinante de estos hechos, de estos detalles preñados de irrealidad, de pesadilla. Y es que María guarda un saber que quizá heredó de Artemisa, diosa a la que venera.

Tan solo en sueños pudo sumergirse y rescatar al ahogado, acariciar la túnica blanca, mecer su recuerdo. El agua, pozo silente o manantial de música oculta, que todo lo aclara, que limpia y purifica. El pozo, sepulcro oscuro o fuente de agua cristalina. María lavándose en enaguas blancas, María abrazada a la humedad luminosa de la túnica. Todo acabó, aunque permanezca.




Blanca, se despide de nosotros anhelando la paz y la armonía de los viejos tiempos, la bondad de las costumbres. María, luto por fuera, Blanca por dentro. ¡Qué simbiosis más hermosa y perfecta!

Abandono el teatro. Llamo a mi amor, leo el mensaje deseado. Todo está tranquilo. Aparentemente. Impregnado el aire de buenos deseos.

Háganse realidad; los más necesarios, al menos. Así sea,

 



MJ                                            MARÍA JOSÉ CORTÉS ROBLES





lunes, 15 de diciembre de 2014

LAS CRÓNICAS DE MJ - LA BELLA DE AMHERST - William Luce / Juan Pastor



En Teatro Guindalera, si llegas un día lluvioso de otoño con bastante antelación con respecto al inicio de la función, son tan amables que te recomiendan un lugar cercano que consiga hacer más grata la espera. La biblioteca pública de la calle Azcona, por lo visto, una de las más amplias de Madrid, cumplió su cometido. Ningún ejemplar de William Luce en la sección de teatro; era de esperar. Esta vez no conocía el texto que se iba a representar, aunque sí a la escritora a la que se pretendía devolver a la vida: Emily Dickinson. “Conocer” es una concepto equívoco en depende qué contexto; en realidad, he leído alguno de sus  poemas y curioseado en los misterios de su biografía. El personaje real es ya bastante interesante: reclusión voluntaria en su hogar, posible enfermedad (epilepsia), obra prolija que permaneció inédita hasta después de su muerte... En la actualidad es reconocida como una de las poetisas más importantes de América.


Cuando recogí mi entrada pregunté: -“¿Qué me recomiendas para conseguir un buen sitio? ¿A qué hora vuelvo?” -“No hay problema”- me contestaron -“Nos falta por vender un tercio del aforo” Sentí de veras que fuera así, pero eso no me aseguraba un lugar privilegiado. Nada se interpondría entre María Pastor y yo; improvisé lo necesario para conseguir sentarme en primera fila a disfrutar del espectáculo.


Juan Pastor había hecho uso de su barita mágica y, en el escenario, permanecían suspendidas en el aire dos sillas giradas y a distinta altura. Algunos muebles aparecían volcados en el suelo, como si los hubiera empujado a esa posición una fuerza centrípeta, imagen congelada de lo que agita en su seno el ojo de un huracán mientras se reproduce.

Me satisfizo acertar en las predicciones, pues la obra se inició con el sonido lejano del vendaval, que balanceó levemente las sillas colgantes y el extremo de la insinuada vegetación. Esa voz atemporal resucitó a nuestra protagonista: la maga blanca, la que con un chasquido de los dedos consiguió atravesar la cuarta pared y conversar directamente con el público, seres del futuro, para después regresar a sus encuentros y desencuentros con personajes fantasma, criaturas del recuerdo. Con la ayuda de su prodigiosa memoria, enderezando un mueble o sentándose con cierta disposición en un sillón, fue capaz de dibujarnos de tal modo a los ausentes, que pudimos imaginarlos allí,  interactuando con ella; hasta al gato de su hermana que le deshacía las madejas. Saltó Emily adelante y atrás, de acontecimiento en acontecimiento, con la agilidad de lo incorpóreo, con la levedad de una pluma mecida por la brisa. Y, de súbito, un poema, un nido de palabras que ahondó en la cadencia del texto al completo, elogio del canto.



La poetisa, se ocupó ante nuestra plácida mirada de los pájaros, las fuentes, el huerto; y, a media noche, de las palabras, su pasión y su credo. Contó para la representación de su vida con cómplices suficientes: con sus padres y sus hermanos, con alguna amistad; un gran amor platónico, el que nos mencionó como Maestro. Su mundo, feliz y pleno a nuestros ojos. Tan solo una nostalgia presenciamos, la imposibilidad de publicar, la búsqueda de lectores más allá de su entorno. Al principio de la obra nos dio a probar una de sus tartas; al final, fue íntegra su entrega a través del baúl que contenía su mayor tesoro, miles de versos.

En medio de todo, el misterio. Algo inconfesable, del otro lado, que impregnó la atmósfera de la sala, que bailó en las pupilas de la actriz reflejándose de forma inmediata en las nuestras, dilatadas por la atención hipnótica. Permanecimos conectados a lo esencial como por encanto, sonreímos con ella y le enjugamos esa tímida lágrima, fruto de una pérdida. Pero no hubo ningún drama, nada que nos apartara del gozo de la creación, ningún dolor que emponzoñase ese placer de escuchar atentamente a Emily pronunciar una palabra llenando toda la boca de musicalidad cargada de sentido, de significados nunca tan precisos, pues que se alzan las palabras, se arremolinan y vuelan, trascienden, se las lleva el viento a otros oídos, a otros labios.


La tragedia, si la hubiera, es el agotamiento de la vida, que no el final, pues legamos siempre nuestro ejemplo; pues siempre se pueden recoger del suelo los muebles, enderezarlos, ponerlos en su lugar para que recuperen su utilidad y resulten de nuevo confortables y cálidos.

Es este un trabajo artístico cargado de esperanza, la misma que enarbolan los que conforman el equipo de teatro Guindalera, héroes contra el vendaval de la sinrazón que parece pretender arrasarlo todo. Ellos permanecen en pie y regresan cada día con una sonrisa al punto de encuentro. Emulemos su coraje y no faltemos a la cita.

Es este un compromiso,


MJ                                              María José Cortés Robles 




viernes, 12 de diciembre de 2014

LAS CRÓNICAS DE MJ - SI LOS ÁNGELES DISPARAN - Jorge Moreno / Iván Ugalde


Es esta una de esas obras que hay que dejar reposar, después de que acontecen en la retina, en los oídos, a nuestra izquierda, nuestra derecha y nuestra espalda, en las alturas, a nuestros pies... Fuimos rodeados por la violenta fabulación, envueltos en una luz mortecina y cambiante, una vez que el Umbral de la Primavera hubo echado el cierre. 

Es un buen principio este: no hay mejor telón de boca para una función que nos quisiera encerrar en Puerto Urraco el mismo día de los atroces acontecimientos. El espacio escénico, tiene una estructura interesante, con multitud de recovecos que varían la perspectiva, como escenografía que aprovechara un paisaje autóctono. Incluso el suelo empedrado es apropiado. Los expectantes, nos hallamos sentados formando una elipse, pudiéndonos observar unos a otros, en  reunión de vecinos de los de antes, a la puerta de la casa de cada cual... No se busca otra cosa que nuestra incomodidad, creo yo, hacernos partícipes sin nuestro consentimiento. 




La espera en estas condiciones produce intranquilidad y cierto deseo morboso de que suceda lo que tenga que suceder. Permanecemos en silencio o cuchicheando alguna cosa sobre los iconos religiosos, sobre la cantidad de velas, no sé si alguno distraído aún con su propia vida... Yo no, desde luego, no me cuesta nada entrar y aquí me habían introducido, creía yo, directamente en la habitación del fondo.


No era así, sin embargo, de lo más profundo de la cueva surge el clan de los matarifes con toda su idiosincrasia, como ‘garrulos’ que son: su empeño en apelmazarse en una venganza acérrima, su cejijunto entender de los motivos que los mueven; su pánico a no encarnar lo que se espera de ellos, lo que imaginan y urden unos de otros sobre los deberes en las ofensas, sobre la limpieza imposible de las máculas sangrientas.


“Garrulos” ese es el título de la obra de Jorge Moreno. ¿Y donde están los ángeles? El elenco es adecuado a los personajes. Pero no serán estos a los que encarnan, en todo caso la estela de su ignorancia. Mancillados desde niños por abusos y vejaciones que se adivinan, sobre todo las hembras; confundidos los machos en aberrantes disposiciones supuestamente propias de su sexo, cegados por lo incomprensible, hipnotizados por lo ajeno. No se usan plumas, ni colorantes, ni edulcorantes; en todo caso el opio adormecedor del rezo y los lamentos que no conduce a más que a las enfermizas obsesiones. Las tradiciones no son ningún bálsamo sanador, en estos casos, antes bien imposiciones, camisas de fuerza que a duras penas contuvieron nunca el arranque de la locura. Almas en pena parecen los actores deambulando en nuestro entorno, hermanados en el horror de lo sin remedio, condenados a reiterar perpetuamente sus dudas, su desazón, sus maquinaciones. Una y otra vez tienen que apretar el gatillo, y rematar si no hubo acierto. Nuevamente odiar y urdir la venganza, vengarse y sufrir el castigo, justificar tanta matanza. Ellos, la familia, se consideran capaces, pues lo han sido durante siglos, (‘héroes’ o ‘mártires’ sería imposible en este caso, por puro desconocimiento).

De pronto, caigo en la cuenta: estamos en el infierno, la guitarra eléctrica ya nos advertía con sus estremecedores aullidos metálicos; estamos en lo más hondo, entre las llamas que nos consumen. ¿Por qué sonreímos, entonces? ¿Cómo puede ser que nos quepa este humor ácido? Cierta distancia se reproduce que nos permite planteamientos más allá de la tragedia, a años luz del sentimentalismo. No es este un teatro de las emociones, sino de sensaciones y reflexiones, de cadencias lorquianas que nos acechan y nos invaden, de hechos que, por su rotunda corroboración en los anales de la historia, la que transciende y la cotidiana, nos sacuden desde los cimientos.

¿Cómo acaba? Nunca, ya lo he dicho: lo que pudo ser, está siendo ahora y es susceptible de repetirse en cualquier lugar, en cualquier momento, yendo y viniendo en el tiempo. El hombre es un lobo para el hombre. Es nuestra condición.


Pero escapemos de aquí. ¡Qué alivio que nos liberen a este espejismo diario de vivir ajenos a las matanzas que proliferan por el mundo!... ¡La desfachatez de los bobos, de los infelices! ¡No estamos a salvo, sino condenados, hermanados en la venganza o apilados como víctimas; somos culpables todos de lo propio y de lo ajeno por los siglos de los siglos!

Si hablara con reservas y de otros, firmaría ‘Amén’, por temor al reconocimiento y sus represalias; como  hablo con franqueza de “Teatro Hermético”, de buenos actores de trabajo impecable, de los cuales a algunos conozco desde los tiempos de escuela, firmaré con mi nombre y mi pseudónimo. Hasta otra,


MJ                                              María José Cortés Robles



martes, 9 de diciembre de 2014

EL GUIONISTA CONTABLE: Cifras y Letras

Sí, así como lo pone. Guionista contable. Cifras y letras, como aquel mítico programa que si lo hubiera dirigido Jordi Hurtado aún seguiría en antena. Eso es lo que soy a día de hoy. Un guionista que busca la rentabilidad de un restaurante importante de Madrid. Total contradicción. Y total ironía, si me apuras.
Cuando me pongo a pensarlo bien, caigo en que vivo en un mundo deseado para los guionistas. La antítesis, el conflicto, contrariedad, contradicción... Madrileños contra catalanes, hombres contra mujeres y rudos contra pijas. Eso y una localización muy española. Un bar. Y... ¡Voilá! Ya tienes una serie como Los Serrano para dar rienda suelta durante ocho temporadas. ¡8! Lo demás, ya no importa. Da igual si metes actores que casi son padres para papeles de adolescentes, una banda sonora de la que preferiría no hablar por respeto a Hans Zimmer y un final ¡Ojo spoiler! de traca, en el que todo es un sueño... Increíble, pero cierto.




Pues ese es el mundo en el que vivo yo. No el de pijas y bandas sonoras, sino en el de la antítesis total. Haciendo números y verificando si los costes de una cosa y otra cuadran y dejan un beneficio a la empresa. Aunque siempre hay que decir que todo tiene similitudes, así como Dios dijo que todos éramos hermanos. Que por cierto algo fetiche sí que suena eso. Me veo encerrado en el cuarto de baño (mítica escena) amenazado por Antonio Resines con una escobilla de váter acusándome de incesto por acostarme con mi pareja.
-"Que Dios dice que todos somos hermanos, que es tu hermana joder, joder, que te meto, macho..."
Uff, no, quita, quita...
Las similitudes en mi puesto de trabajo con el guión son escasas, pero para eso estamos para crearlas.
¿Cómo puede llegar a sobrevivir la creatividad entre croquetas, dj's y mojitos? ¿Cómo las letras sobreviven a un tsunami de números?





Recuerdo la primera vez que nos reunimos para decidir si subir el gramaje a cada plato sin subir el precio de venta y sin cambiar la calidad de la materia prima. Eso es como hacer que la función dure dos horitas y media más por el mismo precio de venta de la obra y sin quitarte del cartel a José Sacristán y Maribel Verdú. Cuanto menos, complicado. Muy vistoso sí, pero poco rentable.
- "No sé cómo podemos hacerlo, pero tenemos que aumentar el gramaje de cada plato"
Esa era la directriz. Darle más peso a la merluza, a las patatas o a lo que sea. Era darle una o dos frases más a un personaje. La putada es que ese personaje está creado por un profesional (chef) que sabe que hablando sólo eso, no va a desestabilizar el resto de la historia. Con lo cual...¿Doy más letra al solomillo y obtengo menos números? ¿O doy más protagonismo al plato, pero le pongo mejor cartel y un precio adecuado?




Letras y números. Sobrevivo pensando que la carta del restaurante es nuestra obra, nuestros platos son nuestros actores y nuestro local nuestro escenario. Un espacio donde se buscan buenos intérpretes (camareros, recepcionistas...) que hagan sentir a esos espectadores (odio la palabra cliente) como en su casa.
Y todo ello con un claro objetivo, que vuelvan. Y ahí debo decir, que es donde se encuentra otra similitud entre cifras y letras. El objetivo. Al final, un contable busca cumplir un objetivo y un guionista busca que algún personaje cuente su objetivo a través de imágenes, diálogos y miradas.
Que vuelvan a venir a comer. Que vuelvan a venir a ver nuestras obras. Que vuelvan a comprar un libro escrito por mí.
Al final, uno puede sentirse mal por no destinar todo el tiempo que quisiera a lo que le llena el corazón, pero sentirte totalmente desplazado o aislado de lo que ama por tener que estar ocupado en otra cosa se demuestra que es una simple excusa. Y barata. Mi mente no para de hacer números buscando rentabilidades, pero mi corazón no deja pasar ni una ocasión que tenga que ver con plasmar letras en un papel.



Y aquí estoy, escribiendo en este fantástico blog lo que me pasa por la cabeza. Volviendo al principio de la cuestión, un guionista desconocido escribiendo para La Conocida.
Bendita contradicción...



sábado, 6 de diciembre de 2014

EDITANDO TEATRO: Entrevista a CONCHITA PIÑA por Soraya García







Esta semana tenemos la gran suerte de contar con Conchita Piña, directora de EDICIONES ANTÍGONA, la editorial independiente más importante de nuestro país especializada en Teatro contemporáneo y Filosofía. 
Diez años de andadura y más de cien títulos que componen su catálogo donde destacan también las publicaciones en colaboración con la agencia de representación teatral QdeQuintanilla, la Asociación de Autores de Teatro (AAT) y la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD).



La primera vez que vi a Conchita Piña estaba detrás del mostrador en la Feria del Libro de Madrid, es su stand de Ediciones Antígona. Me habían dicho que era una mujer brillante, inteligente, valiente y guapísima. Recuerdo que pensé que valiente se queda corto para definir a una mujer entregada a la misión de publicar libros de teatro, poesía y filosofía. Acostumbrada como estoy a visitar las bibliotecas populares he podido constatar que suelen ser las secciones más desabastecidas y los libros menos consultados y, muy a menudo, pasan años sin salir prestados o incluso puede que sea la primera vez que abandonen las estanterías si decido llevármelos a casa. Bueno, pues hay otra mujer que comparte mi pasión por esos libros.
La segunda vez que la vi estaba subida a unos tacones de aguja y tenía unas pestañas como alas de golondrina, nos contaba "Lo que Nunca Contó Isabella Mas” frente a un espejo de la sala El Burdel a Escena.





SORAYA GARCÍA.-¿Cómo ha sido tu experiencia de recitar junto a tu compañera Luz de Paz? Te confieso que he ido a cientos de recitales de poesía y no he visto nunca nada parecido a lo vuestro. Es muy refrescante y divertido escucharos recitar.

CONCHITA PIÑA.-Bueno, lo primero, gracias por estas magnificas palabras de presentación. Recitar con Luz de Paz ha sido una experiencia increíble. Nos hemos entendido fenomenal en la escena, porque ella tiene alma poética. Ha sido un regalo poder volver a actuar y encima en un proyecto así.

SG.-¿Qué necesidad de los seres humanos crees que satisface el teatro o la poesía?

CP.-Pues creo que la más importante. La de sentirse vivos. El teatro y la poesía activan dimensiones humanas que muchos días se nos quedan olvidadas por la rutina cotidiana. Lo mejor: poder vivir poética y teatralmente, hacer de cada día un acto poético.

SG.-Sabes cuando yo era pequeña había una serie en la televisión en la que ,te juro que escuché este mensaje : Si no puedes ser poeta, se poema.
CP.-Qué frase tan preciosa. Ser poeta debería ser una forma de vida.

SG.-Sí, porque comprendía el Maestro del pequeño Saltamontes que ser poeta era una tarea dificultosa, quizá solo para algunos elegidos, pero hacer de tu vida un poema era tarea al alcance de todos. ¿Conchita se lee teatro en España?, yo se que la poesía tiene muy pocos lectores por desgracia pero ¿cuáles son los autores de teatro más leídos?

CP.-Se lee teatro en España, y cada vez más. Nosotros, desde Ediciones Antígona, nos gusta pensar (llevando a cabo un acto poético) que estamos teniendo algo que ver en la revitalización de la lectura teatral. Hay muchos autores que se leen, Miguel del Arco, Jordi Galcerán, Fernando J, López, Fernando Arrabal, Javier Calvo y Javier Ambrossi (los chicos de La Llamada)..., por decirte solo algunos. Además lo maravilloso es que el perfil de lector va desde alumnos de instituto a amantes de la lectura en general, pasando por la gente de la profesión, tanto a nivel profesional como aficionado.
                

SG.-¿Cuáles son las obras que nos ayudan a pensar el ahora? ¿Cúales los autores y los directores?

Qué pregunta más difícil y más buena. Realmente, creo que todas las obras que hablan sobre las relaciones entre las personas o sobre cuestiones más filosóficas que tocan el sentido del ser del hombre y de la vida. Pero, vamos, esto traducido a lenguaje teatral, quiere decir que todas. Lo bueno del teatro, es que gracias a su inmediatez, nos hace siempre cuestionarnos el aquí y el ahora, sobre todo, cuando uno empatiza con lo que sucede en la escena. Se dan actualmente, varios tipos de obras teatrales: la comedia ligera, esta puede ser la que quede más apartada de la realidad, porque su carácter es de mera evasión de la realidad; las obras de pensamiento y políticas y las comedias críticas. Estas últimas sería las que nos sitúan en el ahora.


SG.-Un ser humano no es solo su tiempo, nos construímos sobre lo que han hecho los demás para apoyarnos o para rechazarlo. ¿Cuáles son las obras de teatro que nos han construido? ¿Quiénes son, para ti, los Maestros del pasado?

CP.-Hay tantos... Si hablamos solo de obras de teatro, está claro que no podemos dejar de lado el teatro clásico griego: Antígona o Edipo Rey de Sófocles... el teatro del Siglo de Oro y anterior, Lope y su Fuenteovejuna o Don Juan Tenorio de Zorrilla... que por cierto, fue una época de grandes dramaturgas.. Ya en lo contemporáneo, hay varias obras y épocas que son referenciales para mí. «Casa de muñecas» de Ibsen y luego todo el teatro de Vanguardia, Ionesco, Beckett... y ahora,  Mayorga, Sinisterra, Arrabal... los clásicos contemporáneos.


SG.-¿Grandes Dramaturgas? Por favor, no tengo ni idea háblame de ellas

CP.-Ahora estoy investigando sobre ello, a raíz de una circunstancia actual: en mi experiencia como editora de teatro son mucho más los textos que nos llegan y que publicamos de dramaturgos que de dramaturgas. Este hecho nos ha puesto en alerta y nos hace ponernos a trabajar en la visibilidad de la mujer dramaturga. No por cuestión de género y discriminación positiva, sino por justicia con la realidad literaria de nuestro tiempo.

SG.-Cuando elegimos una novela para leer nuestra actitud de lector sería la de desplazarnos por ese universo nuevo que el autor despliega ante nosotros y viajar por ese hilo claro u oscuro a donde nos quiera, o normalmente pueda, llevarnos. Sin embargo si es un poemario lo que elegimos, tendremos que estar dispuestos a poner todo nuestra energía, nuestra mente y nuestro cuerpo al servicio de la poesía, toda nuestra inteligencia, y nuestro mundo interior, para que resuene con el del poeta, y así se expanda en nuevos sentidos.
 Conchita nos podrías dar un consejo de editora a lectores, en tu opinión ¿Cuál es la disposición más adecuada para leer una obra de teatro?¿hay alguna manera mejor de leer estos libros?

CP.-Siempre que uno se acerca a un libro, debe de hacerlo sabiendo que lo que se va a encontrar entre sus páginas puede descubrirle cosas nuevas del mundo, y lo más sorprendente de la lectura, de uno mismo. Cuando un lector se enfrenta una obra de teatro, consciente de que va a leer una obra de teatro, debe saber que el texto le va a llevar a recrear en él, todos los mundos posibles. Cuando leemos un texto teatral debemos estar dispuestos a ser a la vez el héroe, y el tirano, la mujer amada y el hombre desdichado, el culpable o la víctima, el guapo y femme fatale... Y si se puede leer acompañado, mejor que mejor.

 



SG.-Cuéntanos por favor cual es la historia de tu Antígona ¿Qué idea inspira el trabajo de tu editorial? ¿Por qué le llama Antígona? ¿Dónde te gustaría llegar con ella? ¿Cómo has llegado a levantarla?

CP.-La historia de Antígona es la historia de tres locos.
De tres amigos que se conocen en la Facultad de Filosofía. Uno de ellos, Isaac Juncos, ya tenía una editorial unipersonal y nos invitó a Ignacio Pajón y a mí a acompañarle en esta locura maravillosa. Así que, ahí nos vimos tres jóvenes entre 24 y 27 años que nos poníamos a levantar une empresa cultural. Al principio nuestra línea editorial era generalista, es decir, publicábamos casi todos los géneros. Pero, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que a nosotros lo que nos interesaba era el teatro, la filosofía y la crítica teatral, porque los tres veníamos de ahí. Por eso decidimos especializarnos en estos géneros.
 Sabiendo esto, el nombre es muy fácil de descifrar; queríamos buscarle un nombre que pudiese conjugar todos estos aspectos. ¡Y qué mejor que Antígona! Y así, con mucho esfuerzo y mucha ilusión y con un proyecto claro hemos ido creciendo, mucho más de lo que teníamos previsto, posicionándonos en el mercado editorial como una de las editoriales de teatro contemporáneo de referencia en el panorama nacional.
Esto nos hace relacionarnos y colaborar con los mejores y mayores profesionales en nuestros géneros: la agencia de representación teatral Qde Quintanilla, la RESAD, Distintas Universidades y Ministerios...

Ahora después de casi diez años de andadura, el balance no podía ser mejor y ahora ya, no queremos hacer otra cosa que no sea editar a los mejores dramaturgos contemporáneos en lengua española.




SG.-Tienes un optimismo y una energía contagiosa, oyéndote no podemos pensar más que ¡Claro, no puede ser de otra forma!, lo haces fácil. Quizá vuestra actitud es vuestro secreto. ¿Cuántas horas trabajáis al día? ¿Cómo compaginas tu faceta de creadora y la de Editora?

CP.-Puede ser eso, ¡qué bonita lectura!, quizá es que nos sale porque hacemos solo aquello que nos hace felices.
Trabajamos muchas horas, creo, incluso, que no dejamos de trabajar nunca. La editorial es parte de nuestra casa, aparte de de un centro de trabajo es un punto de encuentro abierto a cualquier hora a todo el mundo. Después, cuando acaba el horario de oficina, toca el trabajo de campo, que también nos encanta, asistir a funciones de teatro para estudiar y conocer lo que se está haciendo en los teatros tanto del «off», como de los teatros convencionales. Somos afortunados porque el ocio y el trabajo son parte de la misma moneda. Luego, respecto a ni faceta de escritora de poemas, bueno, la naturaleza me ha regalado el don del insomnio, así que el resto de horas que me quedan, son las que dedico a la poesía. Aunque, como tú bien sabrás también, la poesía se impone y no tiene hora, hay que atenderla cuando llega. Realmente, no tengo la sensación de hacer varias cosas diferentes. Vivo mi vida profesional y literaria como parte del mismo continuo.

SG.-Enhorabuena Conchita creo que aunque te puedas sentir cansada algunas veces, tienes la llave de la felicidad. Muchísimas gracias. Tú nos inspiras, nos enseñas y nos acompañas, es un inmenso honor y una grandísima alegría hablar contigo y que nos consideres entre tus amigos. Por último si quieres decir algo más a los lectores del Blog, algo que te parezca importante y que no te hayamos preguntado.

CP.-Gracias por dejarme compartir este rato con vosotros. Da gusto conocer, también, a gente tan apasionada con lo que hace. Así no nos sentimos solos, ¿cómo no vamos a ser amigos? Estamos destinados a ser amigos. A los lectores del blog darles las gracias por hacer posible este espacio para el arte y la literatura. Invitarles a que se acerquen al libro teatral, porque el teatro también se lee. Y animarles a que sigan leyendo que lean con la misma pasión con la que aman.

Soraya García

martes, 2 de diciembre de 2014

ILUSTRA UN MES IV: QÜIQ



Quique Rodriguez es un diseñador gráfico, que pese a su corta edad, ha conseguido crear una verdadera marca personal -Qüiq- que va ganando terreno poco a poco debido a las estupendas ideas que siempre rondan por su cabeza. Desde pequeño, siempre supo que era visualmente creativo y con el tiempo se dio cuenta de que quería seguir creando para ganarse la vida, a pesar de la insistencia de su madre para que estudiara Derecho. Así que, finalmente estudió una Diplomatura de Diseño Gráfico Integral en la Escuela Superior de Diseño del Centro Español de Nuevas Profesiones (CENP)y dos Másters de Diseño Web y Multimedia. 
El estilo de Qüiq no viene marcado por un parámetro fijo, ni limitado. En general son directos, simples y originales, sin menoscabar el papel comunicador del logotipo. Su obra podría ser catalogada con una profundidad de comprensión, un pensamiento sintético y conceptual, combinado con un gran detallismo y un conocimiento profundo del lenguaje visual, altamente creativo e individualista. 



Transmite una necesidad de expresarse a través de la creación, moldeando una fórmula muy completa, resultado de la combinación de este don (el del arte), con su eficacia y organización naturales. En el diseño gráfico es muy importante saber organizarse y ser efectivos en el tiempo y eso es algo que Qüiq hace posible. 



La tipografía de sus diseños están marcados por unos trazos elegantes y detallados en perfecta combinación con otros elementos. Sus obras en blanco y negro conectan con el mundo del cómic usando texturas diluidas y elementos surrealistas, creando una paradoja de realidad y ensoñación, que bien podría ser comparada con la mirada de la pintura impresionista.
El famoso diseñador gráfico Stefan Sagmeister dice que para ser diseñador gráfico hay que ser atrevido y valiente. Esta idea cobra sentido sobre todo a la hora de mostrar ironía y juegos visuales con doble sentido en temas considerados "morales", como la guerra. En esta línea, creo que Qüiq está preparado para enseñar al mundo que tiene las "agallas" bien puestas.



                                                                                                             
 Victoria Alonso Yanes

jueves, 27 de noviembre de 2014

LAS CRÓNICAS DE MJ: A LA ATENCIÓN DE CATALINA (Elena Rey en “Petra”, Fassbinder)

Mi querida rubita:

Tuve que salir corriendo a coger el búho porque, como sabes, vivo en la estratosfera. Me hubiera gustado darte un nuevo abrazo con el que devolverte lo adquirido tras la inmersión en esa bola de cristal en la que convertisteis la otra noche La Casa de la Portera. ¿Sabes esos souvenirs que si se invierten y enderezan al instante nos hacen contemplar la ilusión de la nieve cayendo sobre un paisaje, una ciudad, un monumento, un personaje? “Las amargas lágrimas de Petra...”, vimos caer sobre tus ojos desnudos, atentos, perplejos como los de un gato ante un león con cola de ratón. Intuimos la perversión desde tu entrada al salón de los espejos porque somos perversos desde la cuna, por nada más ni menos.

El que no sabe es como el que no ve, pero también está la intuición sagazmente femenina, la desfachatez de la ignorancia que no tiene nada que perder y que lo devoraría todo en su sacrificio, el hambre de sensaciones nuevas, los fogonazos del éxito. ¿Qué podrías tú hacer en ese cruce de caminos? ¿Cómo llegar a la nausea sin probar bocado?
“Será un juego para mí” -pensaste, subida sobre los taconcitos de la inocencia, ceñida por la cintura por esas garras blanquísimas que ya te destrozaban- “Juguemos, pues...” -Te engañabas, tu impulso era afanoso y escurridizo, sibilino.


Ella, sin embargo, Petra, venía de la desolación, de una cama inmensa para la esbeltez de sus sueños, del frenesí de lo mundano cuando te obedece, de la defensa y la rapiña, del agotamiento en la inercia de su talento, de la apariencia inquietante, de lo sórdido pactado, de tantos huecos recónditos resonando en sus entrañas, en su cabeza amueblada con un gusto exquisito. Casi transparente en su ignominia, avanzaba hasta tu boca con su vestido blanco, entre la podredumbre, impecable en su desdicha, vulnerable entre tus piernas. ¡Tanta ansia de ti y tan ajena a sí misma! La elegancia es un valor trasnochado, nadie a su alrededor recurre al tacto en su trato con ella. ¿Por qué motivo se espera que la elegancia cuide de los suyos? Nadie repara en que un vampiro, antes, ha sido presa de murciélagos.

Nacer en un nido de diseño conlleva ciertos vicios, ciertas anomalías en la dependencia de unos con otros, un singular olvido de la soledad intrínseca que no nos abandona. A una le duele lo que le duele y se abre camino hacia su posesión sin dudar ni un ápice sobre el alcance y la garantía, sobre las consecuencias. Si alguien estorba, se le aparta y, si no es posible, la intolerancia hace carrera. ¿Cómo vamos a esforzarnos por calibrar lo del otro sin tenernos en cuenta a nosotros mismos? Damos importancia a lo que nos compete muy directamente, a lo que nos afecta, sin más. Evitamos hundirnos en el lodo de otros deseos, de necesidades ajenas, de sentimientos extraños en nuestros progenitores. Somos hijas y nuestras madres nos pertenecen, que nadie se inmiscuya. Nos da pavor que rehagan su vida, mejor que se marginen de amores ni complicaciones que las distraigan de su labor de proveedoras. Lo demás no importa, su apetito es un capricho, una demencia, algo ilógico, vergonzoso, pasajero...

Hemos sido hijas también, las madres, y madres las abuelas. Colaboramos en el camino que le espera a nuestros vástagos. Generaciones de hembras buscándose entre la niebla, desconectadas entre sí, desligadas de la tierra esencial, de su naturaleza vestal y su cosmología.  Sálvese quien pueda, ¡qué tristeza infinita!, sálvese quien quiera...

PETRA 2 - LA CASA DE LA PORTERA

Luego hay seres anodinos, que disfrutan de la bajeza, sobre todo de la propia; para los que la envidia es el néctar del que nutrirse y la rabia contenida la supuesta abnegación de la que hacen gala. Su silencio emponzoñado, la curvatura de su eficacia, les permiten acercarse a lo que brilla, coleccionar diamantes tan solo para admirarlos, nunca para lucirlos. Criaturas del infierno, contrahechas de espíritu, que fingen fidelidad de por vida, hasta que claudica lo amado. Entonces se asesta el golpe tantas veces meditado, esparciendo los cristales, evitando ya pisarlos o recogerlos. Y se alejan sin volver la vista atrás, buscando otros tesoros. El verdugo está por descubrir. Cada cual destruye lo que tiene a mano, lo que le cabe en el pecho.

Alimañas descarnadas, asestando dentelladas certeras. También en esto hay belleza, en esta obra tremenda: una deslumbrante y estilizada explosión de vísceras asépticas, desprovistas de sangre, inmóviles como esculturas de lo subcutáneo, quistes que se extraen y se conservan en formol. La belleza es efímera siempre y no consuela. También rondó la otra noche entre artistas y espectadores el sentimentalismo confitado de las amistades cobardes y superfluas, la osadía desesperada, el magnetismo voraz del encuentro fortuito, la danza macabra de las caricias contra los duelos, la acidez placentera del deseo consumado, el sufrimiento histérico y fatuo.  

Dejó la mano de agitar el  souvenirs, lo depositamos en el estante adecuado con el empuje de los aplausos. Hasta la próxima función. Recuperó cada cual su realidad, unos corriendo, otros andando, todos conversando. A los que estaban callados se les hacían preguntas. La típica de rigor, que conlleva otras implícitas: “¿Te ha gustado?” Una señora de avanzada edad respondió sin inmutarse: “Así es la vida”

Así pasó, Elena Rey, y el ángel de tu sonrisa estuvo presente. Quería contártelo, contarlo a quien le interese, compartirlo. Corroborar que es un placer ver tus trabajos, que es un orgullo trabajar contigo. Agradecer a todo el elenco y a su directora la veracidad, la valentía.

Hasta muy pronto,
MJ   

María José Cortés Robles


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APARTIR DE LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE PETRA VON KANT DE Rainer W. FASSBINDER

JUEVES y VIERNES 22h en LA CASA DE LA PORTERA

                                                                   

lunes, 24 de noviembre de 2014

LAS CRÓNICAS de MJ: "EL JUEGO DEL AMOR Y DEL AZAR" Marivaux/Flotats



Es imposible aparcar en depende qué zona de Madrid, a las siete de la tarde de un sábado. Resultado: una hora haciendo el carrusel hasta claudicar a favor de un parking público. Mientras espero a mi acompañante y conductor del vehículo, rumio el error, bajo la lluvia, formando parte de la fila india que pretende invadir el Teatro María Guerrero. Entre los paraguas abiertos que chocan, enganchándose en una contienda más bien ridícula; y el recodo que algún proyecto de espectador iluminado ha tenido a bien trazar para la consecución del orden de espera, sin que tenga sentido ninguno seguirlo como lo hacemos habiendo un camino más recto; vamos creando la atmósfera previa adecuada para presenciar una comedia.
Nuestros asientos están bien situados y, por ende, hay un hueco sin ocupar en la fila anterior que nos permite la visión del escenario sin mácula. Es un buen augurio. Sin embargo, la señora sentada a mi izquierda me deja claro, que para estorbo, ella; que tiene intención de castigarme  introduciendo su codo en mis costillas durante el tiempo que dure la función y el coloquio añadido. Otra contienda que se va a librar, si nadie lo remedia, que no seré yo... Que si deslizo el brazo hasta que cede el suyo, que si de aquí no lo muevo... en fin... un entretenimiento añadido, pero con mucho disimulo. Ella se ha traído sus codos y yo la tos; a la que, supongo, los ácaros milenarios del telón y de los asientos alimentan. Para controlar su voracidad (la de la tos, que no de la señora) y la mía, le pido a mi amor un chicle, ya que he olvidado los caramelos de rigor. Sí, el que me acompaña y se sienta a mi derecha es el hombre de mi vida; nada mejor para ver algo de Marivoux, el también llamado poeta del amor.
Salivando un poco más para suavizar mi garganta, no sé si haciendo menos ruido, me concentro en observar la escenografía: dos alturas diferenciadas por la balaustrada y los tramos cortos de escaleras que delimitan el centro del escenario; en los laterales, en primer y segundo término, árboles y setos tridimensionales; jardines pintados en telón de foro. Tonos pasteles, azulados y grisáceos. La impresión es neutra, plácida y también añeja, de otra época.



El tema musical que sirve de leitmotiv al montaje es el que inicia el espectáculo, en boca de uno de los actores que tararea la melodía mientras la apunta cual compositor que estuviera componiéndola. El director va a optar por dejar el sonido que acompaña al texto siempre en un segundo plano, como ambiente, ya sea musical, ya sean trinos de pájaros, ya sean truenos lejanos que amenazan lluvia. La palabra, por lo tanto, cobra desde el inicio todo el brío de la belleza y el humor con los que autor y traductor han sabido revestirlas. Al fondo, un criado recorta el seto cuando irrumpen en escena ama y criada en plena discusión acalorada; escucha el jardinero un poco y abandona.
Desde el comienzo hay disfrute, placer en los actores que ejercen su oficio; gozo en los personajes, que aman la vida y se abandonan a jugarla reinventándola, llevando hasta el límite sus estratagemas; infantiles con sus disfraces; atrevidos tras sus máscaras. Lo que destila el pensamiento de Miravaux, oculto bajo toda esta fanfarria luminosa, es una idea preclara de libre albedrío, de voluntarioso enfrentamiento con el amor y sus misterios, de plena conciencia de nuestra humana condición.
La trama es el equívoco y el público es cómplice de lo certero de los sentimientos que impulsan y generan las alocadas acciones de los protagonistas, aparentemente manejados como marionetas por aquellos que saben lo que ellos ignoran todavía. Una ya imagina el final, pero es grato entretenerse en esas conversaciones que les enredan, espiar sus picardías voluptuosas, reírse con ellos de nosotros mismos y de la vulnerabilidad a la que quedamos expuestos cuando el amor nos acontece. 
Y, por otra parte, ¿quién sabe el instante exacto del enamoramiento y conoce las claves que lo generan? Podría ser cualquier día, cualquier persona, cualquier gesto... Eso es lo maravilloso.
Todo se resuelve y cada cual ocupa su posición, se acabó el juego. Si se han quebrado las reglas, un poco sí se ha sufrido, pero esto añade las especias tan necesarias en un guiso que se ha de degustar una tarde en la que todo estaba tranquilo y, tras varios anuncios tímidos, el cielo o el azar amenazan tormenta, ahora sí, con un rotundo rugido. Oscuro.
Aplausos y saludos reiterados. Se marcha parte del público. Flotats no nos hace esperar demasiado y se adelanta a los actores para iniciar el debate. Nos habla de la figura del autor, de su entorno social y artístico; de su relevancia en la cultura francesa, en la europea, de sus influencias; de lo revolucionario de sus personajes (un padre que permite a su hija que decida sobre su casamiento, una mujer dispuesta a casarse solo si considera adecuado al que le proponen como marido; criados que no dudarían en traspasar las barreras que marcan las clases sociales, si el amor así lo ordena) del preciosismo del lenguaje utilizado por el autor y la dificultad que entraña la traducción a otra lengua; de cómo, efectivamente, el trabajo de traducción ha sido tan adecuado que la obra no ha perdido brillantez ni ritmo; de la fortuna de encontrar actores tan jóvenes, con tanto talento y tan esforzados; de la necesidad de conservar las tradiciones y el poco esfuerzo que se hace en España por parte de las instituciones... Unos cuantos espectadores que permanecen en sala, plantean a los artistas preguntas reiterativas y de contenido insignificante, aunque grandilocuentes, me temo, casi todas dirigidas al director; y tras una hora más de esfuerzo por  parte de los que están sobre el escenario, se da por terminada la conversación, si es que se puede llamar así.
Es una pena que tengamos la oportunidad de intercambiar impresiones, reflexionar con sus artífices sobre lo vivido a través de una obra de arte y que la malgastemos o la desaprovechemos. Y me incluyo. ¿Somos una panda de mirones, sin más? Por lo menos tenemos curiosidad...

Con todos mis respetos.,                                                
María José Cortes Robles

sábado, 15 de noviembre de 2014

LAS CRÓNICAS de MJ: “BOYHOOD” Una película de Richard Linklater



Lo que nos sobra entre compromiso y asunto, programados ambos al milímetro: de improviso, faltan tres horas para la sesión de las cuatro en los Renoir. Afortunadamente debemos comer y este suave otoño en Madrid nos da su beneplácito para un posterior paseo entre los puestos de artesanía, brotados como hongos tras la lluvia, en Plaza de España.

 

La artesanía ya no es lo que era, o quizá lo que se reúne en esta plaza con ese nombre diste mucho de serlo. Me harta mirar las cosas que tienen precio, prefiero alzar la vista hasta la bola del mundo sostenida por los cuatro continentes, navegar unos instantes con las nubecillas que coronan el cielo. ¡Qué maravillosa perspectiva! O darle la espalda a Cervantes, a Rocinante y a la mula (nunca al Quijote, jamás a Sancho), para estampar mi asombro contra el Edificio España (Dicen que lo ha comprado un japonés; ¡por Dios, que no lo convierta en centro comercial!) Tal vez cerrar los ojos y escuchar: el canto de las fuentes horadando los escudos de las naciones que hablan nuestra lengua, el vaivén de las copas de los árboles centenarios, la estridencia de los pájaros... Sentarme en un banco y mirar, ¡el mejor de los deportes! Resistirme, parapetada en esta soledad elegida, a emular a muchos viandantes aprovechando cada segundo, negarme a hacer fotos o consultar mis contactos móviles. Ahora que todo es móvil, lo necesario es parar, la quietud, dejarse atrapar por el momento... Contemplar... (Puntos suspensivos...) Cuando la vida parece suspendida en el vacío y no sabemos nada, y todo se comprende, y guardamos silencio para no mentir, para no disfrazarnos con palabras.

Películas a 2 y 3 euros en los Cines Renoir de Plaza de España

En contraste, tengo que admitir que una hora después, el aire era frío y molesto, y un rictus de impaciencia se dibujaba en mi rostro orientado hacia el cristal de las puertas cerradas del cine, como hipnotizada, como si fuera capaz de abrirlas con tan solo la energía de mis ojos. Faltaba media hora tan solo, estaba la primera en la cola y varias personas me habían preguntado que cuándo abrían... -¡Y yo qué sé!- A menudo me empeño en no aceptar aquello que no está en mi mano cambiar. El estado de ánimo es una montaña rusa, al menos el mío... (Más puntos suspensivos... esta vez de suspense, más bien...) Por fin pude acceder a la sala, calentita y cómoda; sentarme, reconciliarme con la civilización, que nos reconforta y nos bien-enquista. ¡Qué mezquinos e insignificantes somos!

Desde la pequeña pantalla, un niño descansa tumbado en la hierba... Un adulto le saca de sus ensoñaciones... En otro momento le vemos observando de cerca un pájaro muerto, con naturalidad, sin dramatismos. Contempla... Desde los primeros minutos del largometraje (nunca mejor dicho, 165 minutos) el director nos conduce, presos en la mirada de Mason, su personaje protagonista, a lo largo del transcurso de una década en la vida de una familia de clase media americana.



La novedad artística es que el director ha preferido esperar para completar el rodaje, esperar a que los actores crecieran realmente, a que cumpliesen años; esto es lo experimental en la película. ¿Qué aporta? Pues algo muy curioso: veracidad y asombro. Es como cuando nos encontramos con a un jovencito que no veíamos desde que era niño, y está tan cambiado, y hasta la voz le resuena de otro modo en el pecho; pero conserva, sin embargo, un no sé qué inconfundible que nos traslada a su infancia, donde le conocimos...  Su transformación nos produce nostalgia, nos pilla a traición; no estamos entrenados en el advenimiento. Se asemeja este aspecto de la película, a  la grabación del proceso acelerado del crecimiento de una planta, desde el pequeño brote adherido a la tierra que se alza en busca del sol, hasta la flor que se abre dispuesta ya a transformarse en fruto.


En el relato de Linklater, hay fotogramas con sol y otros con lluvia; la risa y el llanto se suceden, como la noche al día; se turnan encuentros y despedidas... El argumento es anecdótico. Sin embargo, los momentos relevantes para Mason, se tornan cruciales también para nosotros, nos identificamos en lo esencial de cada circunstancia, de cada estado, de cada edad, nos reconocemos cómplices de cada una de sus emociones. Y al vislumbrar las experiencias de ficción presenciadas, desde la cima, junto a ese joven que hemos visto trepar hasta ella, ya universitario, casi independiente por fin; pensamos, junto a él, que la vida no es tan dramática, ni tan compleja, ni tan dura; somos nosotros los artífices de nuestra problemática; los prismas incandescentes, los espíritus errantes ávidos de respuestas. Ella, la vida, se basta y se sobra a sí misma. Solo si nos relajamos, si nos concentrarnos un ápice en lo que acontece, es que formamos parte del mundo. No estamos hechos de barro, sino de tiempo.

María José Cortés Robles