jueves, 28 de mayo de 2015

LAS CRÓNICAS DE MJ: Invocación a Hécate “MEDEA” Séneca / Andrés Lima / Aitana Sánchez Gijón



Amo los procesos. El arte, en especial el dramático, es sobre todo eso: la prueba viva de un proceso. No hay nada absoluto, de ahí que un resultado artístico sea tan solo un punto de inflexión en una búsqueda que tiende al infinito. Si no va cargado de infinitud, no es arte.
El artista suele crear en soledad, aunque a menudo baje al mundo. Pero el arte dramático es una disciplina colectiva, ya como concepto. Dionisos solía emborracharse en compañía.

Es destacable, sin embargo, la actitud generosa de estos tres directores (Sanzol, Lima y Del Arco), pilares en los que se asienta el interesantísimo proyecto “Teatro de la Ciudad”; que, sacrificando el temor a quedar expuestos a opiniones y críticas desde el inicio de los ensayos, se arriesgan a compartir y a ser influenciados por fuentes diversas, para después llevar a cabo sus propuestas de forma más autónoma hasta acabar representándolas al unísono en un mismo espacio escénico del Teatro Abadía.



Me considero afortunada, pues se me ha hecho partícipe, a mí y a tantos, de esos talleres previos de investigación en los que se ha puesto a prueba lo eterno. No he catado aún “Entusiasmo”, la guinda en el pastel, pero no tardaré en hacerlo. Tras esta amenaza suculenta, vamos a lo que  hoy me ocupa: mi crónica de “Medea”



Al ser humano hay que explicarle la realidad y convencerle de que pertenece a ella. La naturaleza mágica de la existencia, la sublevación de sus elementos, genera el rito.
Una invocación es cosa seria. He de confesarlo: no pude abrir la boca, el día en que se nos animaba a participar desde nuestros asientos pronunciando el nombre de la diosa, en los talleres de Teatro de la Ciudad. Creo que fui la única “oyente”, en esos momentos. El sonido de tantas voces, reunidas también en un coro de jóvenes, o en el  grupo de  actrices convocadas para improvisar atmósferas; todo ello, aún me retumba dentro.



“Dentro”… Hermosa palabra, con eco que se difunde. Porque a todo interior, lo externo lo circunda. Aitana es actriz de recovecos ignotos, digna hechicera de espacios exentos de límites. Si ella me hubiera pedido invocarla, durante la función, la otra tarde, lo hubiera hecho; a la diosa o a ella misma.
Andrés Lima parece haber concebido “Medea” como acto poético, no como espectáculo. Asistimos, conmocionados, a la metamorfosis de Aitana en Medea. Lo que indagamos, lo que nos interesa, es lo que pasa dentro de Aitana; ya que todo lo externo, incluso el resto del reparto, el público mismo, está a su disposición, no solo la contempla. El mismo director narra su historia, la de Medea; y es su Jasón y su Creonte.  De rodillas, perra sumisa; con los ojos en blanco, inyectados de vaticinios atroces; presa de convulsiones, contagiada de los síntomas de su señora, avanza la nodriza (Laura Galán); siendo, a la vez, portavoz de infantes impedidos, mutilados, que preguntan sin tregua. Asistir a Aitana en todo momento pretende la música en vivo, de una exquisitez digna de la ópera, magníficamente interpretada por Joana Gomila; para que nada nos distraiga de lo esencial, que es el dolor de Medea, su transformación y el terror hipnótico que nos provoca.



Todo aquello que anhela poseer es poseído. La pasión habita el cuerpo, dispone de él y lo disloca. Nos falta el aliento en la escena con Jasón, pues el amor parece rescatable, asoma su cabeza de la ciénaga; mas le disuaden golpes certeros y se hunde. Tras la humillación definitiva, se va desnudando Aitana ante nuestros sentidos atónitos, va dejando paso a lo monstruoso que en ella anida; y que dormita, enroscado en lo más profundo de  cada uno de los que mira. La regresión como punto de vista.


©Foto Luis Castilla

En esta versión del texto de Séneca, es cada sintagma una llave hacia el fracaso del mundo, una oscura liturgia. Las palabras se hacen carne en Medea para traernos a Hécate de vuelta,  sacudirla en angustia indecente y fecundarla en tentación híbrida, ídolo impregnado de tierra húmeda.
Al fin, brota la violencia más terrible, pero sin sangre. Desde las altas cumbres de la civilización, se despeñan palabras huecas; la rigidez se quebranta, se hacen añicos las súplicas.
Tan solo queda el polvo estremeciendo el aire.
Inmensa, Aitana Sánchez Gijón, inmensa… ¿Qué más decir?... Inmensa…
Gracias,



MJ 
María José Cortés Robles




Fotografías 









viernes, 22 de mayo de 2015

¡AY, MANUELA! por Sara Núñez de Arenas

Ayer por la noche mi amigo Asier Vázquez, me mandó un audiowhatsapp haciendo referencia al número de veces que uno tendría que realizar ciertas prácticas orales si quisiera tener una empresa cultural sostenible.
Yo le dije que no sabía, que después de este año no tenía muy claro que es lo que tenía que hacer y que a lo que me estaba dedicando últimamente era a lo que otro gran amigo (Johnny Aranguren) me dice cada vez que me ve:

"Sara, no te bajes"
Y aquí estoy yo, sin bajarme.

Aquí estamos muchos que no nos bajamos y que cada día nos peleamos, con nosotros mismos, con Hacienda, con los Ministerios, con los actores, las actrices, los directores, las directrices y en algunas ocasión es posible que si nos pilla en un día tonto, hasta golpeemos a algún espectador que haga un comentario desafortunado o que simplemente pase por ahí.

Es verdad, que los de la cultura nos estamos siempre quejando: Que si el 21%, que si el No a la Guerra, que si el Nunca Mais, que si la Educación, que si Nomecambieselnombredelteatroporqueeseseñorerarojo, que si la SGAE, que si los cánones, que si el PP, el PSOE, que si uno y que si otro. Estamos crispados, estamos cansados, necesitamos hacer justicia permanentemente.
Somos un poco pesados, es verdad. Pero es que si estás en el Teatro, de repente se te pegan ciertas cosas, de pronto te ves diciendo palabras que no parecen tuyas y como poseídos por un sentido universal de la justicia nos convertimos en "Minihamlets".




Asier y yo, no llegamos a ninguna conclusión. Pero él me dijo "Sara, preséntate a ministra de cultura, que yo te voto".
Joder.
Pues sí que está mal el patio.
Yo me puse a pensar, que por qué no, por qué no entrar en política, por qué no intentar cambiar las cosas. Y luego me di cuenta que es lo que llevo intentando hacer un año desde LA CONOCIDA, y que lo más difícil como decía Martin Scorsesse a su hija, es no perder la chispa, la ilusión.

Lo que pasa amigo Asier, es que hoy me he levantado y he tenido una idea. Una idea que creo que podría cambiar el curso de la Historia. La idea se llama:

"Acompañe a un político al Teatro"

Y tiene su origen en un acontecimiento que yo misma viví en mis carnes. Una historia que no es que esté basada en hechos reales no, es que es verdad verdadera, verdad como la vida misma, completamente real:

Yo una vez vi Macbeth en los Teatros del Canal y a mi lado estaba un espectador.
Un señor, de nombre: Rodrigo Rato.

Yo creo que esa función a el le caló porque la máxima es que si el rey viene a dormir a casa, será que el destino quiere que lo mate.
Que oye mira si los demás no se dan cuenta, pues... adelante. Black is Black.
¿No tiene mandanga?
Macbeth.
¿Really?



Me gusta pensar que aquel día le sirvió para que la fuera cagando progresivamente, que al llegar a su despacho se le aparecieron las tres brujas, que se acojonó pensando que como al mejor de todos los hombres Macbeth, le podían pillar.
Me encanta pensar que aquel día, ese hombre en esa butaca pensó.

Así que he decidido que si ellos mismos no van, porque se la refanfinfla, tenemos un deber como sociedad.
Hay que llevar a nuestros políticos al teatro, oiga usted.
Hay que llevar el teatro a los políticos allá donde se encuentren: mítines,  congresos, senados, cárceles.
¡Adelante compañeros!

No me digan que no les parece maravilloso amigos, que no disfrutarían Esperando a Godot junto a Mariano Rajoy, viendo El Oso con Montoro, El Jardín de los Cerezos con Ada Colau, Bodas de Sangre con Pablo Iglesias, La señorita Julia con Esperanza Aguirre, Aznar y señora recordando tiempos pasados con Romeo y Julieta ... ¡Las posibilidades son infinitas!




Seguramente cuando ustedes empezaron a leer este artículo, lo hicieron porque pensaban que hablaría de Manuela Carmena. La cual, no les voy a engañar me cae estupendamente.
Pero no, no he venido a hacer esto.
Ni a recomendarles que si se dedican al teatro, voten ustedes a la izquierda.
Pues miren, no tengo ni idea.

Pero creo en lo que ya sucede, creo en la ilusión, creo que ha llegado el momento de dejar de devorarnos unos a otros. Ya estoy cansada de que me intenten comer, estoy cansada de que me digan que no se puede hacer nada, que la vida es así, que España es un desierto y el teatro es una mierda.
Pues mire usted, no me da la gana.





Nos merecemos ilusionarnos e ilusionar a los que nos rodean y hacer el mejor teatro del que seamos capaces.
Sea cual sea vuestra opción ejercédla el día 24 de mayo y ya sabéis:

"Conocidos, no os bajéis"

Sara Núñez de Arenas García

jueves, 14 de mayo de 2015

LAS CRÓNICAS DE MJ: DE LO INSOPORTABLE VULNERADO “Regreso al Hogar”, HAROLD PINTER / IRINA KOUBERSKAYA



¿Qué reducto insobornable nos mantiene erguidos y alerta entre la podredumbre? ¿Por qué ahondar en las raíces amargas de la vida? ¿Qué impulso de los ínferos nos impide la renuncia?
Cuando se violenta la palabra como a una virgen disfrazada, cuando se busca la estridencia que reverbera en los corazones, cuando la acción arrasa con lo codiciado por los simples, cuando la entrega corrompe… ¿a dónde mirar?, ¿cómo no huir?


La belleza compasiva dando cobijo al tedio más salvaje, abriéndose paso entre la desesperación y el vicio. La desidia reconociendo la elocuencia mancillada  del silencio.
Irina Kouberskaya sabe bien que lo artístico es eso que permuta bajo obviedades; esa cadencia insólita que surge de pronto, hipnotizando a los perdidos en la vorágine de la existencia; ese instante detenido que nos salva de la indigencia emocional y del ensordecedor aullido del destino. Irina conoce bien nuestra tendencia a la completud, a fortalecer nuestra presencia imantada de infinito. Es, por lo tanto, prodigioso el encuentro entre esta directora y Rocío Osuna, actriz que encarna el único personaje femenino, “Ruth”; todos los reunidos aquella tarde en Teatro Tribueñe como tal lo celebramos. Esta talentosa actriz, siguiendo las sabias directrices de Irina Kouberskaya; se aventura por  senderos intransitables, entre rescoldos encendidos por los bajos instintos; como ofrenda del marido en su “regresar a la hoguera”, que no al “hogar”, porque el pasado es ya una pira ávida de sacrificio y se hace su ambiente extraña humareda irrespirable.



Abrimos la puerta a lo repulsivo en nosotros con la misma llave imaginaria que los actores. ¿Qué hallazgos compartimos? Alimañas acechando cualquier atisbo de ajena complacencia, familiares próximos, de la propia sangre,  que se sirven su porción de dicha de nuestro propio plato sin  solicitar los permisos pertinentes. Nos sentimos atacados en nuestro orgullo junto a “Teddy” (aquella tarde reencarnado en el actor Pablo Múgica).
Uno cree que los propios orígenes son tan solo la nostalgia de una suerte asumida como desgracia o como ventura en el reparto de la fortuna; que puede uno alejarse de los congéneres, distinguirse, mejorarse… Pero ningún ser humano permanece exento de las máculas de la deshonra si, estando en el lugar indicado y a tiempo, pudiendo reaccionar, no hace nada para remediar la ignominia.  Y es que no resulta salubre rebuscar en las cloacas, por mucho que identifiquemos nuestros propios deshechos.



La propuesta de esta directora transciende el tan manido enfrentamiento entre los géneros; no nos habla de maldades ni de bondades, sino de lo sórdido y lo sublime, dos caras de una misma moneda. No es una obra fácil de ver, cómoda, ni divertida. Pese a ello, este trabajo, en su controversia, es capaz de dibujar una media sonrisa en los rostros de los espectadores, máscaras superficiales de su atención perpleja. Despierta nuestra empatía, aunque nos resulte asombroso, la desfachatez del resto de los personajes masculinos, desde los más endurecidos por su batallar sin esperanzas contra la erosión del paso del tiempo (“Max”, interpretado magistralmente por Fernando Sotuela), hasta la tristísima mímesis del fracaso practicada por el simple, el inocente perdido en el resplandor giratorio de los espejos (Miguel Pérez-Muñoz en su entrañable interpretación de Joey). Todos ellos insectos rastreros y, en contraste ella, única libélula en la oscuridad.



Hay momentos verdaderamente mágicos: la desnudez de un abrazo que se  ha disuelto lentamente en caricias, el ensamble de dos cuerpos recogidos en ternura que se fecunda… Otros, mitológicos, del mundo de los sueños: el erotismo sacralizado en una danza imposible de diosa que se multiplica…
La saciedad consuela, pero el amor está huido. A veces regresa unos instantes para mirarse en el abismo de unos ojos… y cree reconocerse… pero se desvanece… ¡Aún nos queda la belleza!
Gracias a todos los artistas que participan de esta función, de esta ‘rara avis’, orquídea negra de intenso perfume que embriagó nuestros sentidos hasta el desvanecimiento la otra tarde en Teatro Tribueñe.
Vayan a verla, si aman el arte, pero sin garantía ninguna de salir indemnes.

MJ 

María José Cortés Robles











jueves, 30 de abril de 2015

EL GUIONISTA CONTABLE: You'll never walk alone.





Bueno... ¿Habrá pedido el deseo? -dice mami.

La pequeña Sabina nos mira a los ojos mientras aún está atónita con tanto revuelo alrededor.
La primera decisión que tomó fue nacer. Bendita y valiente decisión, pues su nacimiento aportó a quienes esperaban su llegada un plus en sus vidas. Unas vidas que cambiaron desde ese día y que se desvivirán hasta la eternidad.




Valiente, porque se ha subido a un barco en el que está prohibido bajarse.
Valiente, porque para andar por estos lares, hace falta serlo, para que cada valla que se interponga en su camino, sepa que hay que sobrepasarla. La podrá tirar, la podrá saltar o incluso esquivar. Pero sí o sí, deberá aprender a verse en situaciones así y aprender a tomar la decisión de superarla.

Aprender...

Y digo decisión, a pesar de que al ser pequeños, nuestras decisiones están más reducidas y estamos bajo el conocido paraguas de nuestros padres y creadores. Pero yo sé que Sabina ha tomado muchas decisiones durante este tiempo.

Sabina aprendió muchas cosas desde el día que inauguró su propia aventura, porque cuando llegó, tan sólo sabía llorar y tampoco sabía la razón de por qué lo hacía.




Sabina aprendió a reír.
Y Sabina aprendió a mirar a los ojos de su madre.
Y un día decidió que podía mirarla a los ojos y reír con ella buscando su dulce complicidad.

Sabina aprendió a sostenerse en las piernas de mamá.
Y Sabina aprendió a tener equilibrio apoyando sus manos y rodillas en el suelo.
Y un día decidió que podía ir de un sitio a otro por sí misma, mientras mamá la vigilaba.

Sabina aprendió a caminar.
Y Sabina aprendió a caerse.
Y un día decidió que aunque se cayese, se levantaría de nuevo.

Sabina aprendió a saber cómo se llama.
Y Sabina está aprendiendo a hablar.
Y ahora, Sabina está decidiendo llamar a su madre hablando y dejar su llanto para cosas de mayor importancia.




Es la etapa más dura, a la vez que apasionante, porque sabes que cada paso que da va a ser único y jamás se repetirá igual. Y que muchas de las cosas que Sabina aprenda y decida durante ese periodo serán la base de su futuro más inmediato y en infinidad de ocasiones, sellará su manera de ser, de pensar, de vivir...

Sabina ha sido capaz de enseñar. Ha enseñado a sus padres a aprender y decidir cosas en menos tiempo del que sus ellos imaginaron.

Y como digo, el conocido paraguas de los papis, estará el día de mañana para recordarle todas aquellos momentos o situaciones en las que Sabina no ha sido consciente de lo que ha vivido. Porque lo ha vivido tan rápidamente y con enorme pasión. Y sobre todo, porque lo ha disfrutado en tiempo presente. 

Porque durante ese tiempo el pasado no existe y el futuro lo estás construyendo día a día.

 


La Conocida acaba de vivir todo lo que os he contado y estoy seguro que sus padres van a recordarle todo lo que ha vivido este primer año de vida, porque ha vivido cosas maravillosas y las ha vivido con pasión y en tiempo presente.


Y por seguro que todo lo vivido, y todo lo que actualmente va creando allá por dónde pasa, ha enseñado a sus padres que se ha podido hacer en menos tiempo del previsto.
Y digo "allá por donde pasa" como el caballo de Atila, pero en este caso Sabina y La Conocida por donde pasan no es que no crezca la hierba, sino que además de crecer verde y hermosa, es capaz de que broten flores que inconscientemente comprometan a la gente a ser feliz estando a su lado.



¡Feliz cumpleaños Conocida! You'll never walk alone.





                                                                                                                                       Álex Viikiingo

                                                                                                                           



miércoles, 29 de abril de 2015

LAS CRÓNICAS DE MJ: El despertar de la hybris o la cuarta dimensión “Antígona”/ Miguel del Arco




Precipitarse. Perder el equilibrio. No permanecer adheridos a la intersección entre las coordenadas de espacio y tiempo. Sucumbir en brazos del peligro. O, en cambio, catalogar los impulsos cuidadosamente, almacenar lo mensurable, desechar la desmesura. ¿Dónde queda el entusiasmo? Sobrevuela el precipicio.
Aunque incapaz de verter sangre propia o ajena ni de perder del todo las formas, al menos eso es lo que percibo de mi misma, lo que quiero pensar… tras mi participación como oyente en los talleres de investigación de ‘Teatro de la Ciudad’, formo parte de un grupo de Facebook que se define como ‘adictos a…’ Parece como pertenecer a un club de fans enloquecidos por un determinado producto fruto del márketing… Tendremos que replantearnos el nombre, e incluso la propia actividad; sobre todo una vez disfrutado el resultado de cada proceso artístico a través de los tres espectáculos programados al mismo tiempo en  La Abadía. El arte es sagrado, no un objeto de consumo cualquiera.



La tarde que fui a ver “Antígona”, dirigida por Miguel del Arco; a la entrada de la Sala Juan de la Cruz, antes de su apertura, un hombre situado a mi derecha preguntaba en voz alta a una mujer: - “¿Qué obra vamos a ver?”- Al mismo tiempo, entre las paredes del antiguo templo, palabras resucitadas, plenas de sentido y de belleza, ansiaban una nueva  reencarnación en algún pecho expectante. Como dijo en su día Larra, ‘¿quién es el público y dónde encontrarlo?’
Reflexioné sobre cuál podría ser el modo acertado de convocar y hacer posible la asistencia a estos eventos de una cantidad máxima de sensibilidades óptimas o, al menos, de aquellos seres que busquen comprender la existencia misma a través del arte y conserven, además, un ápice de las capacidades tanto de ilusionarse como de indignarse. Este ambicioso proyecto, “Teatro de la Ciudad”, pretende que todo individuo interesado se concilie con la vida cultural de su ciudad, que participe de ella activamente. Pero, ¿qué es la lucidez y dónde encontrarla?
Necesitamos perspectiva, tanto en el arte como en la vida. Así me lo advirtió un elemento escénico suspendido por encima de las cabezas de los que nos sentábamos ya en las butacas del teatro, esa tarde, esperando el inicio de la función; una forma geométrica, casi esférica, translúcida, que giraba levemente, aparentemente mecida por un sonido hipnótico. Se pretendía crear una atmósfera previa a la acción dramática. La gente ha olvidado la compostura en los rituales, y habla o consulta el teléfono móvil justo antes de lo iniciático. La magia se esconde en lo más oscuro de nuestro intelecto, incapaces como estamos de soportar el propio silencio, de concentrarnos.



Esta cápsula colgante, semejante a algún elemento de la naturaleza, quizá al cáliz de una flor rastrera, o más bien al estómago de una planta carnívora aparentemente inofensiva; intentaba ya decirnos algo insólito desde su transparencia. Los reflejos cambiantes de las fases lunares colorearon durante la función sus pétalos cerrados alrededor de un vacío inquietante. Como si la luz se transformara en nido de sierpes, como la confluencia de enfurecidos riachuelos de sangre derramada. Mensaje críptico era este: La esencia de la tragedia contenida en la obcecación que se adviene sobre las conciencias de ambos personajes principales, Creonte y Antígona. Los dos se aíslan. Lo razonable se les antoja mera ligereza de carácter. El peso de las responsabilidades que conlleva nuestro lugar en el mundo; contra el amor herido, que no ahorra en prendas. Lo que adoptamos como propio, de nuestra competencia, transformándose en un horripilante monstruo que nos engulle.
La armonía persiste, sin embargo, entre lo insignificante, el ‘sálvese quien pueda’ coral magnetizado, la marea humana que como una sola voz plural arrastra consigo a las víctimas precisas para alimentar los mitos, para apaciguar la voracidad de nuestro imaginario común, encumbrándolo hasta hacerlo irrespirable.





Regresemos a la historia que nos cuentan. Las leyes humanas, los muros que impiden el asedio de los disconformes aún no se han alzado, nadie se opone a Creonte, en un principio. Enarbolamos esperanzas y consignas a cada paso, necesitamos creer en nuestros líderes o en nuestro propio liderazgo. No es que el poder corrompa, es que el ejercicio del poder aparta de lo cotidiano de las gentes, de sus necesidades perentorias y sus aspiraciones; de sus ideales, materia explosiva e incuestionable. Pierde el gobernante el contacto directo con lo más sagrado para la ciudad y la relación entrambos se vicia, ya no es veraz. El poderoso, poseído de la verdad, pone un ladrillo opaco sobre otro; la razón emparedada.
Aunque, no nos engañemos, nosotros mismos, desde nuestras confortables butacas, proclives a la mesura y al anonimato,  somos candidatos perfectos como provocadores del sacrificio ajeno. No es propio de la mayoría abandonar tan fácilmente su zona de confort. Nadie tuvo la iniciativa de acometer junto a Antígona el acto considerado según la legislación vigente digno de castigo; ni tan siquiera Ismene accedió, aunque se empeñase en disuadirla; en soledad hubo de perpetrarlo; su hermana se aferró a la vida con todas sus fuerzas, asumiendo una nueva pérdida y sumándola al desdichado cúmulo de desgracias acaecidas a la familia de ambas. Tenemos capacidad de decisión. Y, pese a eso, ciudadanos prudentes, como nosotros, construyeron el cerco de la locura de Antígona, agitaron persistentemente su conciencia hasta enajenarla por completo, enardecidos en admiración hacia su firmeza, asustados y jubilosos a un tiempo.  La opinión pública manejando los asuntos, llevando y trayendo con violencia de mar embravecido a una ligera criatura alada inmersa en el estruendo de sus vaivenes; lanzada con inocente empeño contra la cuarta pared, que separa el hecho artístico de los que lo consumen, para hacerla añicos y que nada nos separe de su ofrenda: carne de nuestra carne desgarrada. Adoramos a los mártires solo después de muertos; ávidos como estamos, sin embargo, de predicciones, gráficos y encuestas. En la actualidad, estaría muy demandado el visionario Tiresias, pero, como entonces, pondríamos en tela de juicio sus pesquisas e ignoraríamos sus hallazgos.



En circunstancias extremas, ¿qué podría hacer un ser engendrado en luz sino ser esencialmente luz plena? Todos cegados, ajenos a la coexistencia de la sombra que dulcifica la experiencia, ascendiendo como asteroides encendidos hacia la inmensidad abisal del universo, hasta el remolino insondable de los agujeros negros.
Desde el inicio de los tiempos andamos errantes, huidos de la falacia del paraíso, buscando salidas dignas y contenidas a los conflictos humanos que generan tragedias. El mundo continúa girando sobre sí mismo ignorante y cruel, sujeto a la órbita de una melodía infinita en la que murmullo o grito, risa o llanto, vida o muerte; son tan solo notas de una partitura aún no escrita. Para saber, hay que distanciarse, ya lo he dicho; solo en la quietud está la perspectiva; ensimismarse, elevarse. Pero la sabiduría no consuela.
Antígona encapsulada en soledad absoluta, gimiendo como un animal abandonado al nacer, suspendida en la nada por los siglos de los siglos. 


Conmovida y asombrada por la propuesta de dirección de esta tragedia griega en la que, la supuesta ecuación a resolver sobre qué hacer con los coros, ha despejado la incógnita hacia lo más novedoso y atractivo que se ha visto al respecto en años.  ¡De repente, el coro, no solo es que estuviera en la acción, sino que la generaba y era además melodía de base, atmósfera! De igual modo quiero resaltar el estiramiento e incluso quebrantamiento de los límites en cuanto a la ocupación de los espacios a través de la acción. ¡Ha nacido el teatro en cuatro dimensiones!
No derramé una lágrima, prescindí de mis emociones hasta el final del espectáculo. Eso sí, los ojos y los sentidos todos, alerta, abiertos, descoyuntados…
 A Miguel del Arco, su valiente y excepcional elenco, junto al grupo de profesionales que ha colaborado en la creación de esta obra de arte; gracias; mil gracias y hasta pronto, espero…




María José Cortés Robles


FOTOGRAFÍAS: TEATRO DE LA CIUDAD



sábado, 4 de abril de 2015

LAS CRÓNICAS DE MJ: ESCUPIR SOBRE UN MITO “Don Juan Tenorio” (versión Juan Mayorga) / Blanca Portillo


Supongo que es esta una decisión harto sopesada de antemano, que no se determina así como así ni es una más de las tareas pendientes tachadas de la agenda. Espero, por mi fe en su talento, que Blanca masticó muy bien ese bocado intelectual, monstruoso en su fijación hierática; que le fue imposible de tragar o que incluso lo deglutió y lo mantuvo fermentando en su imaginación durante el tiempo necesario para que provocase el espasmo, la repulsa, la bocanada de asco perentoria. Resolver la historia de un mito en la contemplación de un escupitajo, contenga o no el arcoiris de los jugos gástricos en su reflejo, no resulta entretenido pasatiempo para espectador ninguno; te deja noqueado.

Es imprescindible el arte como revulsivo, ya es suficientemente complaciente  la apariencia artificiosa de lo cotidiano. Despertar entre las babas de alguien lúcido, sin embargo, no añade gozo, antes bien incomoda. ¿Y qué debe el interesado hacer cubierto de herrumbre? Sin duda ir a asearse. Eso hice. De la segunda fila del teatro, junto al pasillo, me precipité a la calle. No tuve interlocutor, me cuestioné a mí misma y no supe de conclusiones esa tarde; tampoco mientras escribo esto.


Voy a practicar esto de vez en cuando, escribir sobre un acontecimiento artístico más o menos lejano en el tiempo. También lo inmediato nos sale ya por las orejas, se desparrama por las cuencas de lo que somos en un continuo obsesivo. Mejor parar, dejarlo estar, guardar silencio. Los ecos de lo vivido, lo que conservamos.

De esa tarde de teatro recuerdo en escena imágenes planas, como planchadas dentro de un libro por el paso del tiempo; enormes signos superponiéndose con su frialdad armoniosa y móvil; danzas indescifrables, coreografías de violencia, afán vicioso e instintivo entre los seres reencarnados; y, sobre todo, una ausencia: ausencia de amor, ni un ápice de romanticismo, de ternura, de embelesada tendencia, de compasión. Lucidez, una visión distanciada de nuestros instintos. La palabra era un torrente de música electrónica, algo arrojado del alma con soltura y desfachatez, un impulso que se ha generado en el lado oscuro y serpentea hasta perderse en una carcajada seca, tan semejante a un lamento. Lo paradójico del instante ahogado en formol y reanimado por la descarga del desprecio.

 

No hay salvación para la estupidez humana, no hay calmante para el escozor de espíritu. He escrito “espíritu” por consideración a los allí reunidos ante semejante espectáculo, ya que en los personajes retumbaba el vacío existencial hasta estremecernos en las butacas. Nada transciende, la muerte se vanagloria con su vaporosa imagen y su voz impostada. Se nos advierte directamente, pero nos falta costumbre.  

De la música no sé nada, quizá un vano recuerdo de alguien cantando en el proscenio entre escena y escena... Alguien extraño, no demasiado humano.... O quizá era otra tarde, otra dirección, otra obra, o una creación propia surgida de la impronta del arte.



Aplaudí. Ya digo que me fui en dirección a lo urgente de mi vida en esa noche. Cada vez me cuesta más opinar en mis crónicas; no es opinar lo que quiero, sino trasladar la experiencia con su llameante incógnita. Ese es mi empeño.

Solo añadiré esto: La valiente directora Blanca Portillo da que pensar, y estamos muy necesitados. Quedo en espera de su próxima entrega (nunca mejor dicho...)

MJ

María José Cortés Robles

viernes, 27 de marzo de 2015

LA SEÑORITA CELIA o EL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO por Sara Núñez de Arenas

Hay muchos actores a los que no les gusta ir al teatro. No van.
Ellos hacen teatro, pero no van.
Jamás son público más que para sus amigos o familiares.
Y yo creo que es porque jamás tuvieron una señorita Celia.

La señorita Celia, me llevó por primera vez al teatro.
Bueno, esto es mentira. Pero con ella fui al teatro por primera vez yo sola.
Fue a ver un espectáculo de la bailarina María Giménez en el que hacía flamenco con puntas de ballet. Era un teatro que había al lado de un centro comercial de Madrid.
Mi abuela me llevó a la puerta del teatro, y medio asustada por dejarme sola le dijo a la profesora que ahí estaría cuando terminase. La señorita Celia le dijo:
"Tranquila, no va a pasarle nada."
MENTIRA
La señorita Celia mintió vilmente a mi abuela Sabina.
¿Que no iba a pasarme nada?
¿Cómo se atrevió?


Por primera vez fui público. Desde ese día fueron más y más funciones:  La magia de Los hijos del Capitan Grant, el dolor de Nacho Duato, la artesanía mágica de Los entremeses del Teatro de Cámara, la angustia de Largo viaje hacia la noche, la incomprensión de La gaviota, los sueños de El Lago de los Cisnes, el bienhacer con ¡Ay, Carmela!, el hostiazo de Misántropo, el oro del siglo de Don Gil de las Calzas Verdes, quiero ser actriz con Hello Dolly, quiero ser Bella de La Bella y la Bestia, joder Ricardo Darín en Arte, Amparo Baró subiendo esa escalera en Agosto, cuando Asunción Balaguer saluda yo lloro en El Pisito, el  yo soy El Fantástico Francis Hardy y también soy Hedda Gabler, y vivo en Veraneantes, y pobre Doña Inés en  Don Juan Tenorio, no se me sale el corazón en El Público y quiero vivir en el Teatro Español en Eloisa está debajo de un almendro, y quien es ese que hace de Carmen Sevilla en La Katársis del Tomatazo y el futuro radiante de La Merda.
20 años yendo al teatro.

Gracias a esa mentira de la señorita Celia, encontré mi idioma, y al margen de todos los lugares donde quiera meterme, el teatro es mi casa. Desde la taquilla, hasta la cabina de los técnicos, los vestuarios, las gradas, los huecos de las gradas, los trozos de telón, los almacenes, las oficinas llenas de cálculos deficitarios (siempre, deficitarios), las salas de ensayos, la sección minúscula de teatro y poesía de las grandes librerías.
Todo eso es mi casa.

Yo no se si me dedicaré al teatro cuando sea mayor.
Yo no sé cuando voy a ser mayor.
Ni cuando consideraré que me estoy dedicando a algo.
Pero se, que siempre que vaya al teatro, como dice mi madre, es el mejor día de todos desde que salgo de casa, desde que se espera la cola, desde que tienes tu entrada en la mano e imaginas como será el teatro y donde te vas a sentar, y de pronto.. las luces se ponen en negro. Y todo está por suceder.
Cualquier cosa es posible en ese único, diminuto y jodido instante antes de que ¡BABUM!
Y lo más posible es que salgas, y no te haya gustado nada.
O te hayas fijado en cuantos focos caben por cercha, o de qué manera tan irritante pronuncia las eses la actriz.
Eso es lo más posible.
Pero ¿Y si hay un milagro?
Y si de pronto no ves el número de focos, ni que hay actores, ni escenografías. Si de pronto todo aquello se transforma en una experiencia real para tí.
¿Entonces?
Entonces amigo mío, estás jodido.
Para siempre.

Feliz día Mundial del Teatro
(o como dice mi genio favorito: "World theater day mis cojones")

Sara Núñez de Arenas






martes, 10 de marzo de 2015

EL GUIONISTA CONTABLE: Palabras y palabras



Hay palabras que tienen un valor diferente al de otras. Palabras como rendición, madurez, objetivo, sensación. Coincide que suelen ser palabras que si jugáramos al Pictionary no sabríamos ni por dónde empezar a dibujarlas. Por lo que significan y trasmiten desde tantos puntos de vista. Yo quisiera elegir la palabra Objetivo y compartir mi percepción acerca de esa palabra. Y seguro que algunos coincidiréis conmigo y otros no tanto.

Objetivo.

Lo que hace de nosotros una fuente de energía incalculable que solo entiende un camino. Palabra por la que nos levantamos de la cama, habiéndola colado la noche anterior entre nuestras sábanas, invitándola a pasar la noche con nosotros.

Palabra tan compleja, que hasta es capaz de englobar muchas de esas en sí misma. Para alcanzar un objetivo, se pasará por sensaciones que harán madurar nuestras opciones sin pensar en una rendición. De hecho, la palabra rendición se convierte en una especie en extinción de nuestro diccionario más usado.




Diferente a Meta, pues tras ella ya no hay nada. A lo sumo, un podio, pero nada más. El Objetivo se embarca en tu mente y firma un pacto con la eternidad. Sin parar, sin descanso.
Hace de nosotros seres inmortales a los ojos de aquellos que viven por vivir, sin saber porqué luchar, ni qué rumbo coger. Aquellos que alquilaron el conformismo y no sabían que firmaron una opción a compra de la mediocridad. Porque si objetivo debería de ser el tercer apellido de cada uno de nosotros, Mediocridad es el del Sr. Conformismo.

Objetivo es un tatuaje de valores marcado a fuego en el corazón de aquellos que quieren y pueden. De los que decidieron subirse a la Iniciativa y a la Constancia.




Voy a vender aparatos de aire acondicionado en una urbanización de iglús porque de regalo les daré un vídeo de un discurso del difunto Steve Jobs.
Voy a ir a una imprenta y a punta de pistola obligaré a que se hagan tantas copias de la definición de esta palabra como farolas, árboles y señales hay en la ciudad.
Mataré a la cigüeña, pisaré la semillita de papá e incluso coaccionaré a Dios para que se deje de tanto pan y que los niños, al nacer, traigan un objetivo bajo el brazo.
Entablaré conversaciones con los departamentos de cultura para que quiten de los colegios todas las asignaturas y las sustituyan por la explicación de dicha palabra y durante un año, la estudien y comenten.

Porque objetivo es riesgo, pasión, entrega, lucha, sacrificio y sentimiento. Porque su consecución es capaz de impregnar de felicidad a cualquiera. Una liberación, una sonrisa encallada en la más fina arena dorándose ante los primeros rayos de sol. Un arco iris que se iza en lo más alto del techo mundial a la espera de que todo el mundo quiera hacerse un autorretrato... O un selfie, perdón... Pero si hasta dicho selfie es un mero objetivo de la más simple cámara que haya en el mercado.









Porque hay palabras y palabras... Y Objetivo es para mí, tal y como me he expresado. Y sí aún estás leyendo, comprenderás que acabas de cumplir todo cuanto dije.

Muchísimas gracias. Objetivo cumplido.



Alex Viikiingo

jueves, 5 de marzo de 2015

¿Pero por qué no salen? LA BALSA DE MEDUSA por Soraya García Gómez



¿Pero por qué no salen?
Porque cuando entras en la vida vas con lo que tienes y sobrevives como sea con tu sangre o con la de otros.
Caníbales, depredadores, amputaciones o añadidos. Tetas, pelo, tacones. Cortamos el pie a las hermanastras para que entren en los zapatos de cristal. Y las gargantas, y las palabras, y el aire.
Concebimos a sus hijos, los abortamos, los trituramos. Lo que sea carne comestible o pajaritas de papel. En la tripas. El corazón también es un músculo y las lágrimas sirven para salmuera.
Ideas virus horadan el cerebro, hacen carreteras de información: lo que se debe, lo que se puede, lo que no se puede.
Con lo que tengamos, con la vergüenza de lo que no seremos. Como sea. Sobrevivir.


¿Para qué?
Salir se puede de una forma o de otra, vivo  o muerto.
Muerto ya estas, pero una muerte semi .Ceremonia de la descomposición. Eso, una y otra vez, una y otra vez…
Quieres que escriba. ¿No?
Mejor escalen  la tumba de la nieve de los héroes de Homero. Eso es un hombre. Solo eso, y fracasar todavía mejor. Muchísimo mejor. Infinitamente mejor.
Nadie es más grande que el mar.
El mal ¿pero qué os habéis creído?
Solo peces del aire,  por lo tanto horneables.
Al fin y al cabo solo hace unos pocos años que los hombres no se comen a los hombres, nunca dejaron de hacerlo.
¿Por qué no salen? la puerta está abierta.

¿Y ser diferentes….? vamos anda.    
Soraya García



LA BALSA DE MEDUSA
 
Dramaturgia: Antonio Escribano
Dirección: Manu Bañez
Reparto: Marcial Álvarez, Natalie Pinot, Antonio Escribano, Sara Illán, Josh Sánchez y Antonio de la Fuente.
 
La PENSIÓN de las PULGAS
Reservas: Teléfono: 638752812 (de 11h a 14h y de 17h a 20h) o entradasymas.com

LUNES 20h y 22h / MARTES 22h – 15€